jueves, 3 de diciembre de 2015

Paremos la demagogia


El Perú necesita más obras y menos ideas baratas

El Perú es básicamente un país sin ideas. Ya comprobamos que no nos falta plata sino ideas. Por mucho tiempo nos hicieron creer que éramos pobrecitos porque nos explotaban y se llevaban nuestras riquezas. Este mito lo montó la izquierda para justificar su revolución de odio revanchista que solo empeoró las cosas. El desastre izquierdista fue rectificado en los 90, y el nuevo siglo nos dio la oportunidad de llenarnos de plata con los altos precios de los minerales. ¿Qué hicimos entonces? Nada.
Los genios de izquierda culparon a las empresas mineras de la pobreza. Su raciocinio decía que tras 25 años de minería, seguía la pobreza; ergo, era culpa de las empresas mineras. Entonces había que expulsarlas y paralizar la minería. Esto comprueba que no solo nos falta ideas sino que, entre las pocas que hay, muchas son estúpidas. A la izquierda no se le puede pedir más. Hoy están incluso en contra del desarrollo. La izquierda tilda como “desarrollistas” a quienes pedimos inversión, y critica lo que llama con desprecio “la cultura del cemento y el ladrillo”. Con estos genios en casa ¿para qué necesitamos enemigos externos?
El subdesarrollo no es por falta de dinero sino de ideas. Ahora tenemos dinero y no sabemos qué hacer. Hay gente que cree que incrementando el dinero para la investigación en las universidades, estas se convertirán en grandes centros de investigación. Nada más iluso. El dinero está allí y no hay quién lo use porque somos un país sin metas de desarrollo ni ambiciones. ¿Investigar qué cosa? ¿Para qué? ¿Cuál es la idea central que debe orientar los esfuerzos de investigación en cada campo? No hay. Carecemos de clase política y, por tanto, no tenemos quién nos guíe. La ceguera es total.
La política a nivel nacional está dominada por bribones, saltimbanquis, trepadores e improvisados, cuando no por delincuentes natos. Armar una combi electoral es el método más fácil para hacerse del poder y de las arcas fiscales. A la gente se le entretiene con promesas baratas que giran en torno a tres elementos: a) regalar dinero con diferentes nombres, b) crear leyes para todos los gustos, c) inventar organismos públicos para que se ocupen de un problema; no quiere decir que lo solucionarán sino que “se gestionará” el tema.
Pese a que vivimos en un clamoroso déficit de infraestructura, carecemos de prioridades y seguimos a la zaga de nuestros vecinos. Hemos sido incapaces de hacer de la carretera Panamericana una verdadera autopista de dos carriles por vía en toda su extensión. Los buses siguen chocando por adelantar y los muertos siguen  apilándose. Tenemos más muertos por accidentes de tránsito en las carreteras que por el terrorismo. Pero ay, las carreteras siguen postergadas. Dependemos de la carretera Central como única vía de penetración a la sierra central, una vía angosta y saturada que cobra vidas cada año. ¿Qué hizo Alan García como respuesta a la ola de accidentes de tránsito? Creó la SUTRAN y elevó las multas. Es decir, el acto reflejo de toda nuestra clase política: aumentar la burocracia y cambiar las leyes.
Descentralizar el país en los hechos requiere carreteras, puertos, hidroeléctricas, redes de electrificación y comunicación antes que leyes. No necesitamos leyes. Solo las carreteras harían más por descentralizar el país que fabulosas leyes de regionalización. Así que en estas elecciones hay que detener la demagogia política. No queremos escuchar promesas sobre más ministerios, nuevas leyes draconianas y mejores programas sociales. Ya basta de ideas baratas que no conducen a ninguna parte. Lo que más cólera da es que vienen con el mismo discurso hablando de cambio. ¿A alguien se le ocurrirá algo nuevo?  La cosa es muy simple: queremos más obras y menos ideología social.
Por: Dante Bobadilla

El socialismo no es chévere


Sobre la confusión política de ciertos jóvenes sobre el estatismo

Últimamente, dentro de mí círculo de amigos contemporáneos (millennials), he percibido un sentimiento generalizado acerca de un tema que, desde mi punto de vista, es preocupante: el socialismo es chévere. He escuchado comentarios de todo tipo, pero sin mayor fundamento económico. “El socialismo no te impide seguir creciendo”, “se necesita un cambio cultural para que la gente deje de pensar de manera individual”, “los países socialistas son menos desiguales y más felices” y “basta con comparar el PBI per cápita del Perú con el de Noruega para entender el éxito del socialismo”. Por ello, como millenial, me siento en la obligación de ser un contrapeso en el debate de estas ideas.
Por un lado, ¿cuál es la definición que tiene un millenial típico sobre el socialismo? Después de muchas conversaciones acaloradas y un arduo parafraseo, definen al socialismo como aquel sistema en donde la desigualdad económica se ha reducido al mínimo, el Estado se encarga de proveer una serie de servicios de buena calidad, se prioriza el cuidado del medio ambiente y la felicidad colectiva se incrementa. Esta es una definición bastante gaseosa, puesto que no profundiza en las raíces filosóficas del sistema. Dicho en otras palabras, la mayoría de millenials no tiene idea de lo que realmente es el socialismo.
Entonces, ¿qué rayos es el bendito socialismo? En sencillo, es un sistema social de carácter colectivista, que propone la planificación parcial o total de la vida de las personas y de la economía, subyugando gran parte de las libertades individuales de los ciudadanos. Ésta doctrina ideológica asume que las personas son seres irracionales, incapaces, egoístas y falibles; que buscan obtener el mayor beneficio económico posible. Por ello, se requiere tener un Estado poderoso, que pueda corregir los errores individuales de las personas.
Por otro lado, desde un ámbito empírico, pero en línea con el debate, comparar a Perú con Noruega para certificar el éxito del socialismo es un disparate. Esto se debe a que ambos países tienen diferencias demográficas, históricas, culturales, institucionales y geográficas muy marcadas. Por ello, para validar -o invalidar- el éxito de este sistema, propongo utilizar un ejemplo distinto y mucho más coherente: Corea del sur y Corea del norte.
En primer lugar, las familias surcoreanas perciben un ingreso anual promedio de US$ 30,000, la totalidad de adultos tienen estudios secundarios completos, la población tiene una esperanza de vida de 81 años, los surcoreanos pueden realizar cualquier actividad económica sin temer por la seguridad de su propiedad privada y eligen periódicamente a sus gobernantes. En segundo lugar, las familias norcoreanas perciben un ingreso anual promedio de US$ 2,400, no existen datos sobre la proporción de adultos con estudios escolares completos, la población tiene una esperanza de vida de 70 años, no existe el concepto de “propiedad privada” y es imposible que los ciudadanos puedan elegir a sus gobernantes.
¿Cómo pueden ser tan diferentes dos sociedades que hace sesenta años conformaban una sola nación, si no existen grandes diferencias climatológicas ni geográficas, ni están expuestos a diferentes enfermedades y sus orígenes demográficos e históricos son prácticamente los mismos? Muy sencillo. Corea del Sur desarrolló un modelo de libre mercado, mientras Corea del Norte desarrolló un modelo socialista. Estimado millenial, el socialismo no es chévere.
Por: Juan José García

Terrorismo*


Quienes ensangrentaron el Perú reciben un sorprendente trato

En las dos últimas décadas del siglo XX el estado peruano fue atacado por dos grupos terroristas: Sendero Luminoso y el MRTA. Ni Sendero ni el MRTA fueron simples grupos de “delincuentes” ni tampoco “activistas”. Fueron grupos terroristas ideologizados que ensangrentaron al Perú y que generaron terror más descarnado.
Cuando Sendero y el MRTA atacaron el país no estábamos preparados para defendernos. En esa lucha cruenta se cometieron muchos excesos y ciertamente algunos militares y policías realizaron crímenes horrendos. Pero el estado peruano aprendió a defenderse en el marco de la legalidad y así pudo capturar y juzgar a las cúpulas de Sendero y del MRTA.
Para acabar con el terror desde el estado se  diseñó un régimen especial de tres pilares: el de inteligencia, que buscaba la captura de los cabecillas y las huestes; el de legislación cuyo objetivo era el juzgamiento eficaz y la sentencia con penas severas para evitar que se acogieran a beneficios; y el del régimen penitenciario que impedía que estas bandas se reorganizaran.
En un artículo reciente, el New York Times presenta la historia de Lori Berenson. Se trata de una ciudadana americana detenida y juzgada por “cooperar” con el MRTA. Una “activista” según el artículo en mención. En aquel informe Berenson sostiene: “puede que no haya sido intencional, pero ciertamente colabore con el MRTA”.
En ese sentido,  la prestigiosa BBC publicó una nota en la que se sostuvo que Berenson fue detenida por ayudar al MRTA “un grupo rebelde que robaba bancos, que secuestró y asesinó a un `número’ de personas” ¿Por qué la BBC no menciona que el MRTA fue un grupo terrorista? Uno pensaría que luego de los ataques terroristas sucedidos en distintos países -desde el 11 de setiembre en Nueva York hasta el de París hace unas semanas- el mundo se identificaría con lo que sucedió en el Perú. Pero no, ¿sabe por qué?
Porque una vez pacificado el país la izquierda peruana aupada en el paniagüato primero y con el toledismo después -por razones políticas e ideológicas- decidió reescribir la historia y poner en igualdad de condiciones a las organizaciones terroristas y al estado peruano. Para ello utilizaron a la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), el Museo de la Memoria, el Ojo que Llora, el juicio contra los comandos de la operación Chavín de Huantar, la política de allanamiento ante la CIDH impulsada por García-Sayán y nos dijeron que el Estado cometió “violaciones sistemáticas de DDHH” y que “las Fuerzas Armadas del Perú eran terroristas”.
Durante el gobierno de Alejandro Toledo se modificaron y flexibilizaron las leyes antiterroristas que permitieron juzgar y condenar bajo un régimen especial a los terroristas concediéndoles varios beneficios penitenciarios (entre ellos la reducción de las penas) y haciendo efectivo los principios de "reeducación", "rehabilitación" y "reincorporación" a la sociedad. Pero además, los terroristas obtuvieron el beneficio de la libertad condicional.
¿Quiénes son los responsables de que la prensa internacional se refiera ahora a Lori Berenson como una “activista” y al MRTA como una banda “roba bancos”? ¿Quiénes son los responsables que en la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)  se discuta todavía cómo murió un terrorista que tomó la embajada del Japón durante 4 meses con 72 rehenes? ¿O que  el terrorista Peter Cárdenas Schulte esté libre?
La respuesta es sencilla: nosotros, quienes permitimos que se reescriba la historia. Con esa característica tan nuestra jamás nos atrevimos a levantar la voz y a defender al Perú. Porque además carecemos de una visión de país. Y porque al final lo único que nos unifica parece que es la gastronomía.
*Dominación por el terror o sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror

María Cecilia Villegas

CARICATURA DEL DIA


CARICATURA DEL DIA

miércoles, 2 de diciembre de 2015

El periodismo frente a Acuña


Sobre la diferencia entre ser periodista y ser propagandista político

La subida en las encuestas del candidato de Alianza Para el Progreso (APP) César Acuña, ha originado que de pronto tirios y troyanos busquen interpretaciones que expliquen la sorpresa. Es comprensible que ante el avance del candidato apepista politólogos y analistas se hayan lanzado a analizar sus fortalezas y debilidades. La lógica democrática impone que quien pretende ser el mandatario de la república no puede eludir el escrutinio público. Sin embargo, causa extrañeza que cierto sector del periodismo observe con tanta ligereza o “guantes de seda” las debilidades del candidato norteño.
Es cierto que las elecciones suelen fragmentar a la opinión pública en bandos a veces irreconciliables, y que de una u otra manera también el periodismo se involucra a veces de esta división. No obstante, el periodismo serio siempre trata de mantenerse fiel al análisis y la reflexión. Por eso, cuesta creer que cierto sector del periodismo ha elegido “acompañar” la candidatura de Acuña en varias formas: absteniéndose de indagar las serias denuncias que pesan sobre él, regalándole “periodicazos” a su favor o sugiriendo que hay una campaña racista contra el “serrano de Chota”.
Probablemente hay dos razones poderosas para que ese sector del periodismo se haya alineado tras el proyecto apepista. La primera es que, sabiendo que Keiko es imparable, ha descartado -por ahora- cualquier ataque u ofensiva contra la candidata naranja. La segunda razón sería que, ante la debilidad de un candidato sin carisma como PPK, la virtual desaparición electoral de la izquierda y las reales posibilidades de García, ese sector del periodismo ha decidido apostar por Acuña como abanderado del antifujimorismo en una probable segunda vuelta. Sin embargo, una atingencia: basta observar quiénes son los periodistas de “ese sector” para saber que los anima más el “anti” que una convicción en las propuestas e ideas del candidato de la “plata como cancha”. Es más, pareciera que ni les interesa conocerlas.
El escenario correcto al que deberíamos asistir es uno donde el periodismo serio y reflexivo ayude a proponer que la confrontación se centre en los programas o las ideologías, para que de allí el electorado saque sus conclusiones. Pero ese sector del periodismo prefiere hacer propaganda a favor de Acuña poniendo en la agenda electoral temas como una supuesta discriminación racial contra el candidato millonario de APP. Nadie duda que el racismo es un viejo lastre peruano y que la clase dirigente sea a veces tremendamente ciega, pero no puede ser usado de coartada para que el “serrano de Chota” NO aclare las graves imputaciones en su contra.   
Hasta hoy nadie puede explicar cómo un hombre que aspira a ser presidente ha podido mantener ocultas tantas graves denuncias que se niega a responder. ¿Acaso Acuña no fue alcalde, congresista,  gobernador regional? ¿Acaso su padre no fue condenado a prisión por narcotráfico? ¿Qué dicen los “periodistas éticos” ante estos hechos?
Aun así, si Acuña quiere ser presidente del Perú, a la postre sus millones y sus periodistas tal vez le servirán muy poco. He sostenido que, por fortuna, en el país todavía hay espacio para la estrategia política, el discurso y la propuesta, y que todo ello puede vencer al poder del dinero.
Por: Iván Arenas

martes, 1 de diciembre de 2015

Universidad pública avasallada


Sobre la supuesta “ley Cotillo” y la autonomía universitaria

Pedro Pablo Kuczynski acaba de declarar que “la Ley universitaria me preocupa porque puede interpretarse como una forma  de control de lo que se enseña y discute en las universidades. Puede ser vista como una ley contra la libertad de pensamiento y de enseñanza”. Y tiene toda la razón.
Si se analiza la estructura del sistema universitario creado por dicha ley y la composición de las instituciones que lo integran, queda claro que hay una voluntad política de imponer dos modelos únicos de universidad: una pública controlada por el estado desde el Ministerio de Educación, y una privada hegemonizada por grupos de interés y organizada bajo el esquema de ONG y protegida de cualquier competencia.
Con el gobierno controlando la universidad pública a través del MINEDU, nada garantiza la libertad de pensamiento y de enseñanza en los claustros universitarios estatales. Hablamos de una libertad fundamental en la construcción de toda sociedad democrática, que constituye el freno a la intromisión del “Gran Hermano” en el mundo académico. Esta es la razón de ser de la Autonomía Universitaria.
Los grupos de poder que están detrás de este proyecto autoritario han montado ahora una campaña para impedir que el Congreso de la República ponga alto a sus planes. Dicha campaña le atribuye a la intromisión del gobierno en las universidades públicas un supuesto fin noble de acabar con unos cuantos gobiernos universitarios que se resisten a la ley. Nada más lejos de la verdad.
Para empezar, la Ley Universitaria, en su Disposición Complementaria N°30220, dice: “la designación de las nuevas autoridades debe realizarse antes de que concluya el periodo de mandato de las autoridades vigentes”, NO ordena que esas autoridades se vayan antes del 31 de diciembre. ¿De dónde salió entonces ese plazo?
De la Resolución de Consejo Directivo 002-2015-SUNEDU/CD -punto 6, acápite 1-, la cual dice que el cronograma electoral en esas universidades “debe contemplar la elección de todas las autoridades (rector, vicerrectores y decanos) en una sola fecha, la cual debe realizarse, indefectiblemente, antes del 31 de diciembre del 2015, de tal manera que la asunción del cargo se realice en dicha fecha, tal como lo estableció el Consejo Directivo de la SUNEDU en su sesión de fecha 19.06.2015”. He aquí la “madre del cordero”.
Surge entonces la gran pregunta que debe plantearse el Congreso: ¿Puede una dependencia de tercer nivel del gobierno, como lo es la SUNEDU, ponerle plazos perentorios a las universidades para que cambien a sus autoridades cuando la ley no lo establece? Claro que NO. Por eso de 31 universidades públicas solo siete han realizado elecciones en los últimos meses, pero no porque hayan obedecido a la SUNEDU sino porque estaba próximo a vencer el mandato legal de sus autoridades.
Ante la posición firme de las universidades públicas de hacer respetar su autonomía, la SUNEDU las amenaza con bloquearles sus fondos el próximo año, lo cual les obligaría a cerrar sus puertas por falta de recursos para operar. Este chantaje cruza todo límite de respeto a la autonomía y abona el terreno para que estallen conflictos sociales en los pueblos donde funcionan esas universidades.
Es falso entonces el cuento de la “ley Cotillo”. El proyecto de ley N° 4915 es una iniciativa democrática en defensa de la Autonomía Universitaria que debe ser reafirmada por las bancadas del Partido Aprista, Fuerza Popular y los congresistas independientes que lo presentaron.
El estado, gran responsable de la debacle institucional de la universidad peruana y del deterioro de su calidad educativa, pretende ahora ser el salvador del sistema, tomando el control de las universidades públicas mediante la SUNEDU, apéndice burocrático del MINEDU, con el apoyo de ciertas universidades privadas que no aceptan competir con la nueva generación de universidades privadas que brindan buena educación a cambio de pensiones más bajas.
Lamentablemente la Comisión de Educación se ha dejado presionar por una pequeña turba y ha cedido ante ella archivando el proyecto, pero bien puede reconsiderar esa decisión y aprobarlo, para evitar conflictos sociales que se vislumbran como inminentes si se impone la voluntad de la SUNEDU.
Por Víctor Robles Sosa

El Perú se merece más


El Perú se merece más


La campaña electoral se ha convertido en una feria de vanidades. Los llamados políticos independientes, tecnócratas y consultores se promocionan para ubicarse en donde tengan posibilidades de ganar y se venden como indispensables para el triunfo del candidato que los acoge.
El pastor Humberto Lay, Presidente de la Comisión de Ética del Congreso, por ejemplo, no ha tenido ningún reparo moral en alizarse con César Acuña, el candidato de la “plata como cancha”. ¿Qué aporta Lay? Su condición religiosa, la adhesión de su grupo evangélico y su nombre, todo ello a cambio de ser candidato a segundo vicepresidente y un puesto importante en la lista parlamentaria.
Con esta alianza Acuña busca ganar indulgencias ante las acusaciones sobre el oscuro origen de su fortuna, las golpizas a su ex esposa o haber seducido a una menor de 16 años con quien tuvo un hijo extramatrimonial. También quiere limpiar  la imagen de su universidad, cuestionada por entregar títulos sin calidad académica y ser la fuente financiera de su millonaria campaña. Acuña nos recuerda las humillantes frases que el Libertador Simón Bolívar nos dirigió a los peruanos: “…oro y esclavos. El primero lo corrompe todo; el segundo está corrompido por sí mismo”
Pero el pastor Lay no va sólo en las listas de partido de Acuña, lleva además a otros misericordiosos cristianos de su confianza como candidatos al Congreso. Es como si le hubiese ofrecido a Acuña  acercarlo a Dios y al cielo a cambio de una gran donación política.
Acuña se presenta como un provinciano emergente, el cholo que hace dinero desde la pobreza y se convierte en empresario popular y logra fortuna con esfuerzo. Sin embargo, su ex esposa, Rosa Núñez, ha revelado que fue el padre de ella quien aportó el dinero para iniciar el negocio. Al respecto, en el norte circula la versión de que el padre de Acuña estuvo preso diez años por narcotráfico. La noticia tiene que ser deslindada de inmediato por el candidato. Responder a estas acusaciones y otras con la frase "mientras más me ofenden, más votos gano", como lo hace, parece un acto de soberbia que no prueba nada a su favor.
El candidato de Alianza por el Progreso (APP) ofrece dádivas, becas, compra conciencias y somete voluntades, con su dinero, para esconder sus clamorosas incapacidades personales, políticas y éticas. Pero la percepción popular finalmente lo descubrirá y traerá abajo sus desmedidas ambiciones.
John Fernández, militante evangélico de la iglesia del pastor Lay ha dicho: “no quieren que un serrano con plata gobierne el Perú, y por eso lo atacan”. Ese no puede ser el criterio para elegir a un Presidente. No basta con ser serrano y tener plata.
Un presidente, primero, debe ser honesto, conocer y comprender al Perú, saber su historia, discernir sobre su diversidad cultural y geográfica, entender cuáles son los principales problemas nacionales e internacionales. En cambio, el propietario de la Universidad César Vallejo se jacta de su ignorancia en esos temas al declarar que jamás ha leído un libro.
La nación no puede volver a ser gobernada por incapaces, pues la experiencia del nacionalismo nos enseña que ese camino nos lleva al retroceso, sobre todo a los más humildes.  El país no soportaría otra desgracia de entregarle el gobierno a un aventurero. 
Necesitamos un gobernante que lidere el crecimiento económico con justicia social exigida por la inmensa mayoría. El Perú oficial ciego, sordo, frívolo y anestesiado por la publicidad y el marketing, no comprende aún que bajo sus pies dominantes se gesta una rebelión democrática gigantesca.
Por Tino Santander Joo

lunes, 23 de noviembre de 2015

Fujimorismo y democracia


    Sobre el papel de Fuerza Popular en pro de la gobernabilidad

Negar que el Fujimorismo tiene un problema con la democracia es esconder la cabeza como el avestruz. El Fujimorato fue la experiencia pos Guerra Fría que, de una u otra manera, estableció  un software autoritario en América Latina que luego utilizaron todos los autoritarismos al margen de apellidos e identidades ideológicas. Ganar elecciones, ungir a un líder carismático que establecía relaciones con los electores al margen de las instituciones, controlar a las fuerzas armadas, a las instituciones y a la autoridad tributaria, son legados de la experiencia de  los noventa en el Perú. Hay entonces interrogantes legítimas que cualquiera podría plantear.
Sin embargo la historia tiene una línea en el tiempo. Hechos alejados y cercanos al presente. El pasado del Fujimorismo es el autoritarismo, pero su presente se vincula con la experiencia democrática más virtuosa e incluyente desde nuestra fundación republicana. Sucede que desde la caída del Fujimorato, el Fujimorismo político ha participado en tres elecciones consecutivas y ha sido protagonista de una segunda vuelta y, de una u otra manera, ha sido una de las principales fuerzas de oposición.
Es la primera vez que la democracia peruana mantiene una continuidad institucional de tres gobiernos democráticos con la participación de los 30 millones de peruanos que ejercen el derecho al voto. En el siglo XX solíamos decir que la institucionalidad democrática estaba condenada a sobrevivir solo a dos períodos constitucionales consecutivos para luego ser reemplazada por alguna forma de autoritarismo.
También solíamos señalar que una de las causas de la inestabilidad institucional eran las colisiones entre el Ejecutivo y el Legislativo que, generalmente, terminaban con interrupciones constitucionales. Bueno, todo esos entrampamientos institucionales parecen que comienzan a ser superados. El jefe de estado acaba de convocar a la cuarta elección nacional ininterrumpida.
El Fujimorismo ha sido protagonista del conflicto político institucional de los gobiernos democráticos post Fujimorato y, de alguna forma, se ha dado maña para marcar distancias con los oficialismos de turno, pero también para evitar y sortear potenciales crisis de gobernabilidad. El Fujimorismo parlamentario ha evitado más de una censura ministerial y ha colaborado con las políticas públicas de las recientes administraciones.
No exageramos entonces si se afirmamos que el Fujimorismo político ha cultivado la idea de la leal oposición que proviene de la experiencia democrática anglosajona. Por ejemplo, la permanencia de Pedro Cateriano al frente de la Presidencia del Consejo de Ministros tiene mucho que ver con la nueva disposición naranja.
En otras palabras, el Fujimorismo tiene un pasado pero también tiene un presente. Y, la actualidad, nos indica con hechos y resultados que hay un nuevo Fujimorismo. Lo demás es pasión, teología, o voluntad de querer escribir la historia con el lapicero de mi facción.
¿Por qué entonces se niega la posibilidad de un nuevo Fujimorismo? La posibilidad de que Keiko Fujimori gane las elecciones del 2016 es demasiado para algunos. Significaría que la historia de los últimos 25 años recién estaría por escribirse y que habría que despejar las pasiones y las nieblas para nuevas interpretaciones y enfoques. En todo caso, cada vez es más evidente que las elecciones nacionales no solo elegirán al nuevo jefe de Estado sino que tendrán consecuencias impredecibles para los debates ideológicos, culturales e históricos.
Por: Víctor Andrés Ponce

Anemia y TBC, el legado de Humala


Balance crítico de la gestión del gobierno nacionalista 2011-2016

Ollanta Humala nos habla de su legado, de la herencia que le dejará a un Perú pedigüeño que se empeñó en construir, en esa sociedad que en sus sueños deberá ser eternamente protegida por el Estado; una población, para él, paralítica de ideas y acciones, sin iniciativas, suplicando migajas, sentada en un banco de enormes posibilidades, postergadas cada cinco años, de elección en elección. La inclusión social, su discurso bandera, sirve para que proveedores de Qali Warma ansíen estrenar y conducir autos de lujo, mismos Oropeza, convertidos en aportantes para su campaña nacionalista, vendedores de pan con paté, leche en polvo y avena mezcladas sabe Dios con qué, los nuevos pudientes con ayuda del Estado.
La inclusión ha derivado en falsa compasión y solidaridad. Dar pena no puede ser constante nacional. Estirar la mano por pan no puede ser situación eterna. En algún momento deben sacudirse tantos complejos de inferioridad e ineptitud. Salir adelante por esfuerzos y riesgos propios debe ser aleccionado en lugar de lucir caras de tristeza y melancolía. La vida es una cadena de sacrificios y desventuras, de portazos y maltratos, de ímpetus y perseverancias. Dar lástima no puede ser el objetivo de los desafortunados. Ese no es el legado que Perú quiere recibir de Humala.

Hacer Consejos de Ministros en poblados de la sierra no ha servido de mucho. No han aportado nada, tanto como esos diálogos interrumpidos con los partidos políticos. Diálogos de sordos, útiles para la foto de un recuerdo que mejor no se recuerda. La gente quiere soluciones hoy y no promesas para un mañana que nunca llega.
Choleo y serraneo siguen ofendiendo a muchos. El vestido todavía acomplejando. Usar ropa de marca adulterada indica no querer ser marginado. Regalar cocinas y bicicletas a quienes no lo merecen, fortalecen rencores nacionales. Los pobres de verdad no integran portátiles ni bases políticas que dicen representan. Nada. Todo es un engaño. Una farsa construida para la limosna. Del total invertido en obras sociales, ni el 30% ni le llega al poblador abandonado. El 70% del total acaba en los bolsillos de quienes maquinan el cuento de la pobreza e inclusión. Negocio redondo.   
Para Ollanta Humala la inclusión es la niña de sus ojos. Ojos que no ven la realidad, que se engaña y no observa los deseos de los emprendedores, que no habla el lenguaje de los nuevos tiempos y no conoce de liderazgos sólidos, decisiones firmes y valentías contra toda adversidad, dispuestos a sacrificios. ¡Tantos emprendimientos abriéndose paso en tiempos del terrorismo, tanta gente trabajando cuando los paros armados eran anunciados! El recurseo de los pobres sobreviviendo en esos años tormentosos. Y aun ahora, menospreciados, perseguidos y apaleados, saliendo adelante sin apoyo de nadie.  
Si un 80 % de la población cree ser de clase media, es porque ambiciona, no está conforme y quiere un futuro mejor. Los jóvenes, con tantos medios de comunicaciones, ya saben con qué velocidad se mueve el mundo. Imaginativos, proactivos y ansiosos por modelos diferentes y NO los asistencialismos que Humala quiere legar. NO aceptan sus mentiras. NO soportan a los ladrones todavía camuflados, retaceando los presupuestos del país.
El pernicioso legado de Humala también incluye un 35% de anemia infantil y un incremento del 14% de la TBC, segundo país después de Haití. Legados así apestan.

Por: Manuel Gago   

viernes, 13 de noviembre de 2015

¡Fuera las manos de la campaña!


Humala y Sendero buscarían liderar el anti en las elecciones

El presidente Ollanta Humala y el Movadef al parecer han decidido convertirse en protagonistas de la campaña electoral como máximos abanderados del anti. Humala acaba de desempolvar el refrito de las “esterilizaciones forzadas”, y los seguidores de Abimael Guzmán intentaron, sin éxito, sabotear un mitin fujimorista en Huancayo de la mano con el movimiento antifujimorista No a Keiko.
Alguien podría dudar y creer que la creación de dicho registro, justo ahora que empieza la campaña electoral, es solo una coincidencia; sin embargo, el propio Humala echa por tierra esas dudas con sus propias  declaraciones al respecto.
Su animosidad política es evidente: (…), estábamos viendo una política de reducción de pobres antes de que nazcan… Los que estamos haciendo es construir un padrón que nos permita establecer cuántas mujeres fueron afectadas en sus derechos humanos… estimamos que fueron 300,000 mujeres...”.
Sin embargo, hace años que las autoridades judiciales y la Defensoría del Pueblo establecieron que nunca hubo una política de estado de “esterilizaciones forzadas”. Las investigaciones han revelado, además, que es mentira que se haya esterilizado a 300,000 mujeres pobres.
María Cecilia Villegas, experta en políticas públicas, ha realizado una indagación exhaustiva del tema y ha aclarado que el Programa de Salud Reproductiva y Planificación Familiar (PSRPF/1996-2000) fue necesario para reducir la mortalidad materna e infantil en las poblaciones más pobres. Por ejemplo, solo en 1993 fallecieron al dar a luz 1.670 mujeres pobres, es decir ¡una cada cinco horas!
Villegas también ha revelado que, mientras estuvo vigente, el PSRPF benefició a 850,000 mujeres pobres que tuvieron acceso a todos los métodos anticonceptivos existentes -incluyendo la esterilización quirúrgica (AVQ)- a los que solo podían acceder quienes tenían dinero. Así, en 1997 solamente el 13% de las mujeres eligió la AQV, y el 87% los otros métodos: DIU, Depo-provera, píldoras y condones. ¿El resultado? La mortalidad materna se redujo en 30%.
Si Humala hubiese tenido un interés sano en conocer a fondo este caso, simplemente debió pedirle la data a su ministro de Salud. No lo hizo porque su interés sería otro: entrometerse en la campaña y atizar el anti. La pregunta que emerge es ¿se conformará con lo que acaba de hacer o meterá más las manos en la campaña?
Si los demócratas dejan pasar esta intromisión sin denunciarla, más adelante Humala se tomará licencias mayores y orientará recursos del estado para seguir metiendo las manos de la única manera en que sabe hacer política: atacando, insultando y polarizando.
Es lo que ha hecho desde que asumió el gobierno. Por eso ningún Presidente del Consejo de Ministros ha podido construir acuerdos con la oposición. Humala ha intoxicado la política con su beligerancia y quiere hacer lo mismo en la campaña. Jamás ha entendido lo que significa ser Presidente de la República, líder de la nación.
De otro lado, lo sucedido en Huancayo preocupa porque quienes conocen a Sendero Luminoso saben bien que ninguna acción de ese grupo se realiza sin conocimiento de su cúpula. Todo indica que Sendero quiere hacerse sentir a su manera en las elecciones.
¿Estamos ante el inicio de una escalada senderista dirigida a empañar el proceso electoral y desacreditar a los candidatos del elenco estable, para propiciar la irrupción de un aventurero dispuesto a hacerle guiños al senderismo? Estamos advertidos.
Por Víctor Robles Sosa

La vocación política de los jóvenes (I)


¿Por qué debemos alentar la participación política de la juventud?

Se desprende de la propia historia de la Iglesia que los cristianos tenemos el deber de llenarlo todo. Por “todo” me refiero a todas las realidades nobles de la tierra. San Agustín decía que la Iglesia habla todas las lenguas y las que no habla, las hablará. La política, en tal sentido, es un lenguaje, una lengua particular. Es importante que los cristianos aprendan a hablar el idioma de la política.
Tertuliano escribió unas frases de verdad impactantes sobre la vocación pública del cristianismo: “Nosotros somos de ayer, sin embargo, lo llenamos todo. Llenamos vuestras ciudades, islas, fuertes, pueblos, concejos, así como los campos, tribus, decurias, el palacio, el senado, el foro, solamente os hemos dejado vuestros templos. Nosotros podríamos migrar y dejaros en vergüenza y desolación. Nosotros debemos de ser al menos tolerados, porque somos un cuerpo unido por la comunidad de religión, de disciplina y de esperanza. Nosotros nos reunimos para orar, aun por los emperadores y las autoridades”. El cristianismo nace, pues, unido a la vida social, se nutre de ella y aspira a transformarla. El cristianismo puede y debe llenar la política, tiene que transformar la política sobre todo cuando ésta padece una crisis moral que se extiende a otros órdenes de la convivencia.
¿Por qué debemos fomentar la vocación política de los jóvenes? Hace cien años Victor Andres Belaunde pronunció un discurso en San Marcos en el que señaló que la raíz de la crisis de su tiempo era una raíz de índole moral. Así, el joven Belaunde sostuvo que la nación peruana atravesaba una grave crisis política, económica y social, una crisis institucional y estructural que tenía como trasfondo una crisis moral, ética. Para el joven  Belaunde, «esta crisis económica es política y moral al mismo tiempo […] todo fenómeno político envuelve una cuestión moral».
Hoy, como hace cien años, nuestro país padece una grave crisis moral que tiene manifestaciones políticas, económicas, académicas y sociales. Esta crisis es una crisis de valores y se trata de un enfrentamiento que muchas veces, de manera dramática, se salda con la vida y la muerte de seres humanos. Hablo, por ejemplo, del aborto que se cierne como una sombra sobre nuestra sociedad, hablo de la cosificación de la persona, de esa instrumentalización del ser humano que es el drama, la gran tragedia de nuestro tiempo. Esta crisis moral también se materializa en la corrupción del Estado, en la delincuencia rampante, en la inseguridad ciudadana, en la ineficacia y la desconfianza en los políticos. Por eso, cuando hablamos de una crisis moral estamos hablando en el fondo de una crisis de la persona.
Esta crisis moral tiene una base muy clara: el relativismo. Se trata de una actitud ante la vida que elimina todo referente absoluto, no hay belleza ni fealdad, no hay bondad ni maldad, nada es malo porque todo puede ser bueno, cualquier realidad negativa es tildada de buena. El relativismo evanescente ha penetrado todos los extremos de la sociedad y también ha inundado la política. El político relativista vive en función a los fines. El fin justifica los medios y la política se transforma en un juego de posiciones decadentes, en oportunismo individualista, sin lugar para los principios. El político relativista tiene horror al absoluto y desarrolla un instinto de supervivencia que tiene un trasfondo egoísta. Y con egoísmo no se transforma un país. Formar a una generación nueva de políticos que retornen a los principios y sean conscientes de las necesidades esenciales del bien común es una tarea urgente para todas las personas de buena voluntad que viven en el Perú.

Por: Martín Santiváñez Vivanco