viernes, 30 de enero de 2015

Bancada errante




Acerca de las deserciones reiteradas en la bancada parlamentaria nacionalista

Llegar al Congreso de la República con 47 congresistas, perder 13, quedarte con 34, pero que en la madre de todas las votaciones -Ley Pulpin- solo 18 te acompañen y el resto te dé la espalda, es como para reflexionar seriamente. Estos resultados demuestran, objetivamente, que algo muy serio está ocurriendo con el manejo del grupo parlamentario nacionalista.
En primer lugar los congresistas de Gana Perú se ganaron su curul en la primera vuelta electoral, con “La Gran Transformación”. La adopción de “La Hoja de Ruta” fue el camino electoral para ganar la segunda vuelta. La diferencia entre una propuesta y otra ocasionó los primeros distanciamientos. La lógica de lo que se ofreció y lo que se terminó haciendo quizá nunca fue explicada políticamente y fue el origen de las primeras deserciones.
En segundo lugar quienes fueron al congreso en las listas de Gana Perú no son, salvo excepciones, hombres de partido, unidos por una ideología, valores o principios doctrinarios. Una buena parte de ellos fueron reclutas de última hora puestos en la lista no en base al  mérito o la trayectoria política sino a otras consideraciones. Cada uno, más bien, con su “propia” hoja de ruta. Es difícil imaginar la conducción de un grupo humano tan disímil sin un líder.
En tercer lugar al parecer el manejo de la bancada no ha sido el adecuado. La digitación desde palacio –que podría haber sido hasta positiva debido justamente a lo variopinto de su naturaleza- ha terminado generando dudas, resentimientos y el surgimiento de corrientes internas cada vez más distantes. El caso más evidente fue la “elección” de Ana María Solórzano como presidenta de la mesa directiva. Esa imposición abrió no sólo un flanco sino una herida que, lejos de cerrar, crece.
Finalmente, el poco cuidado en las formas democráticas. Casi todos los que se fueron de Gana Perú recibieron no las gracias sino una batería de calificativos poco fraternos. Se les ha dicho desde ratas hasta desleales y, en el caso del congresista Tejada, por ejemplo, su padre fue cesado del trabajo que tenía en un ministerio, en lo que parece una represalia de bajísima calaña y también una advertencia a los que amenazan irse.
La política es el arte de lo posible pero el diálogo es indispensable. Una bancada, aún cuando puede manejarse como un escuadrón, requiere respeto para sus integrantes, consideración hacia los electores que representan esos parlamentarios y, sobre todo, liderazgo político. El gobierno se ha abierto internamente otro frente más. Ya no bastan las llamadas de palacio para alinear una votación. Inclusive parece que esas llamadas son cada vez más contraproducentes. Cada día se hace más indispensable dejar los enfrentamientos y caprichos, volver a la búsqueda del consenso y al respeto por las personas. Una bancada errante es lo menos conveniente para el país y lo más peligroso para la democracia.
Por: Alfonso Baella Herrera
(30 – Ene – 2015)

Ficciones de la izquierda



¿Fue la derogatoria de la ley “pulpín” una “gesta revolucionaria”?

Los voceros de nuestra izquierda me recuerdan a los locutores deportivos que pintan triunfos donde solo hay derrotas para el país. Ciertamente, la farsa de la ley pulpín fue mal diseñada y peor ejecutada pero de allí a comparar a las movilizaciones, como lo hacen los voceros de nuestra izquierda, con una “gesta” revolucionaria habla mal de las propias marchas y también de la capacidad de autocrítica de la siniestra peruana. Alterar la realidad sirve a algunos para llegar al gobierno, pero nunca para gobernar.
En sentido estricto, la izquierda siempre ha jugado a la primera ficción de la política: la exageración. Cuando sus derrotas son profundas, minimiza y se victimiza. Cuando logra un gol de suerte, porque el arquero del gobierno se ha desmayado por insolación o se ha dopado voluntariamente, grita el tanto como si el estadio fuera el Maracaná. La izquierda capitaliza los errores ajenos porque es incapaz de generar triunfos propios. Exagera los movimientos y tilda de “gesta” la movilización de un grupo concreto de jóvenes presentando a sus seguidores la ficción estrecha de un movimiento amplio y popular. La realidad es muy distinta. La corta marcha de los pulpines tuvo enfrente a un gobierno débil. Nada más.
Lo grave no es la fortaleza de los pulpines, algo discutido y discutible. Lo verdaderamente grave es la aniquilación de toda capacidad de respuesta del humalismo con un mínimo de lógica y firmitas. La política produce paradojas interesantes. Los Humala, hasta hace unos años denostados por el mismo Vargas Llosa, ese sumo sacerdote de lo políticamente correcto, ahora encarnan la continuidad del sistema y terminan doblegados por un brevísimo conato de antisistema. El humalismo, que nació populista y que pretende legarnos al populismo (Urresti es un chavista que viste como chavista, habla como chavista, insulta como chavista y gobierna como chavista), se ha debilitado tanto por sus propios errores que no atina a defender una posición secundaria. Y el que no defiende lo secundario será derrotado en lo estratégico.
Las izquierdas del mundo son duchas en el arte de la ficción. La política moderna está construida sobre las ficciones que la izquierda ha promovido y que el resto ha aceptado sin mayor combate teórico. La nueva ficción de la izquierda consiste en declarar la insolvencia intelectual de toda tecnocracia y sostener que solo la política tiene la llave para la solución de nuestros problemas. El error, por supuesto, es que hay tecnocracias y falsos tecnócratas. O, lo que es lo mismo, hay buenos profesionales e ídolos de barro. Los diseñadores de la ley pulpín son tecnócratas de barro. Cometieron un error impropio de una tecnocracia efectiva, no midieron el entorno y la oportunidad. La solución a este desacierto no necesariamente era política. Bastaba con un frío análisis tecnocrático. Aquí el error lo provocó una mala tecnocracia (es decir, una falsa tecnocracia) no la tecnocracia en sí. Los defensores de la política a ultranza odian a la tecnocracia porque son incapaces de construir algo duradero. No entienden el gobierno real. Solo comprenden sus modelos estadísticos o, peor, sus premisas ideológicas. Por eso, ante este extravío, es preciso recordar que la verdadera tecnocracia es efectiva, cumple, gobierna, ayuda a construir un país. El resto, la demagogia ideológica, solo sabe criticar a los falsos tecnócratas que carecen del doctorado impartido por la realidad.

Por Martín Santiváñez
(30 – Ene – 2015)

Recambio obligado de gabinete



Para garantizar gobernabilidad hasta el cambio de gobierno el 2016.

No nos engañemos, el llamado al diálogo de Ana Jara no va a prosperar. Y no porque la premier despierte antipatías en la oposición, sino por la gravedad de las acusaciones de reglaje a políticos entre los que se cuenta ahora a ella misma. En verdad, ningún esfuerzo de la señora Jara conseguirá acercamiento alguno con otras bancadas, más aún si el gobierno insiste en pergeñar con el encono y el hostigamiento para tratar a sus adversarios políticos. Resulta pues un mal chiste que la premier se siga desgastando en un llamamiento a quienes el gobierno insulta, hostiga, chuponea y persigue. Peor aún si, como lo ha denunciado Correo Semanal, la propia Jara es una víctima más del deplorable uso que el Presidente hace de la Dirección de Inteligencia (DINI). El recambio en el gabinete vendría a ser una condición innegociable para garantizar la gobernabilidad del país de aquí al 2016.
El juego político que Palacio ha venido practicando con Urresti y Cateriano debe terminar. Si bien Jara no ha participado en tal campaña de desprestigio, queda claro que seguir en el gobierno la deja disminuida y con el sambenito de estar pintada en la pared. Ni qué decir cuando, como jefa del gabinete, sus explicaciones por los insultos de estos Ministros resultan lejanas a cualquier injerencia que consiga frenarlos. En cuanto al reglaje, sin embargo, Ana Jara parece sincerar a medias las cosas cuando, a través del Twitter, habla de una facción paralela que desde el gobierno mantiene prácticas propias del montesinismo. Si advertimos que todo el aparato de inteligencia reporta directamente al Presidente, estamos ante una premier que no la ve o que tiene vocación suicida. Sin embargo, si ella desea preservar el capital político que ha logrado en este corto tiempo, tendrá que validar un espacio propio que, de no encontrar vasos comunicantes con Palacio, como parece ser evidente en estas últimas semanas, deberá dejar el cargo y trazar horizontes en algún partido que la cobije hacia su futuro, si es que desea sobrevivir políticamente.
Pero algo aún más crítico parece dibujar este escenario complejo que enfrenta el gobierno. La derogación de la ley laboral juvenil ha dejado al oficialismo con 18 votos duros; algo que lo obliga inevitablemente a tender puentes con la oposición si es que pretende llevar adelante al menos un par de leyes medianamente trascendentes para el país. Las reformas económicas del gobierno podrían verse entrampadas, dado el poco margen de maniobra que tiene hoy el Ejecutivo, debilitado en el Congreso y en las calles. Resulta una vergüenza comprobar que la mal llamada ‘ley Pulpín’ fue, en los hechos, una torpe maña distractora frente al escándalo del fugado exasesor humalista, Martín Belaunde Lossio. En gran medida esta norma, que podrá tener cosas buenas pero que se lanzó a las patadas, logró el objetivo de poner el tema de MBL en segundo plano y que en las calles solo se hable de los pulpines.
Así las cosas, es la hora de la oposición. El gobierno con sus ataques y reglajes ha conseguido lo que parecía imposible: juntar a los partidos y lograr que sintonicen con la calle. El Presidente está debilitado tras el destape de seguimientos que van hasta su propia vicepresidenta y su jefa de gabinete. Aislarse más puede ser peligroso para su gobierno. Debe ser consciente que la democracia está primero, y no los militares que, como si se tratara de un partido en la clandestinidad, han acompañado sus temores materializados en el sucio trabajo de la DINI. Él y su esposa, tan activa en los quehaceres gubernamentales, deben desandar todo lo andado y tender puentes con sus opositores para incluir cuadros de fuste en el gabinete; más aún si, como resulta evidente, será cualquier lista –menos una de Gana Perú– la que se haga con la Mesa Directiva en el último año de gobierno.
Por Jaime Chincha
(30 – Ene – 2015)

¿Es viable el Gabinete Jara?



A propósito de la discutida viabilidad política del actual Consejo de Ministros. 

En democracia la política es la energía que conecta las instituciones, a los actores del espacio público, y se convierte en los rieles sobre los cuales transitan las reformas. No hay libertad sin política.  Los autoritarismos no necesitan de ella porque el acuerdo está en las antípodas del ejercicio concentrado del poder. ¿A qué viene esto? Se ha desatado una discusión sobre el futuro del Gabinete Jara. ¿Debe relevarse a este Consejo de Ministros? ¿Tiene viabilidad política?
Al margen de la propia voluntad de la señora Jara, este Gabinete ha sumado tal cantidad de responsabilidades políticas que es absolutamente posible que se forme una mayoría en el Congreso a favor de la censura. El mal manejo de la ley Pulpín, la fuga de Belaunde Lossio a Bolivia, los reglajes y, sobre todo, la guerra verbal contra líderes de la oposición desatada por el ministro del Interior, Daniel Urresti, acumulan una responsabilidad política del peso de un planeta.
¿Qué podría suceder si el Gabinete es censurado? Un grave problema de gobernabilidad, porque no solo se licenciaría al Consejo de Ministros sino que, si el gobierno no se rectifica, empezaría un verdadero vía crucis para conseguir el voto de investidura del nuevo Gabinete en el Legislativo. Si no hay retroceso, si no hay voluntad de enmienda, se colocaría  a la democracia al borde del abismo. O, quizá, ¿alguien pretende un escenario de ese tipo?
Por todas esas consideraciones hemos ha llegado a un momento en el que Palacio debería girar con firmeza e iniciar un camino de consultas y conversaciones.  Es el jefe de Estado quien debe levantar el teléfono, porque el desmadre ha nacido en Palacio y, de una u otra manera, los líderes de la oposición han puesto la otra mejilla una y otra vez.
Para avanzar  en ese camino, la presencia de ministros como Daniel Urresti, Pedro Cateriano y Daniel Figallo se vuelve inviable políticamente. Por ejemplo, imaginemos que sumar los votos para una eventual censura legislativa a todo el Gabinete se complica, sin embargo el derribar la testa de Urresti si es un desenlace cantado.
Algunos estrategas de bolsillo pretenden justificar sus remuneraciones y, al parecer, han convencido a Palacio de que Urresti puede pegar, y quisieran llevar al límite la polarización con los “políticos tradicionales” para ver si el ministro del Interior se viste con los colores del outsider.
No obstante, el Presidente debería recordar todas las estrategias que se han desarrollado durante su mandato en contra de la oposición y sacar conclusiones. No hay triunfos que celebrar sino derrotas que sumar, en medio del debilitamiento general del gobierno nacionalista.
A estas alturas del partido, el jefe de Estado debería comenzar a pensar en el legado que le deja a la sociedad peruana. Nadie lo puede negar, el gobierno nacionalista es lo más mediocre que nos pudo ocurrir y  la política se ha envilecido a niveles impensables, pero el solo hecho de entregar el el poder el 2016 a la nueva autoridad elegida amenguaría, o quizá borraría las malas impresiones. Si a esto se le suma la voluntad de enfrentar la desaceleración económica, entonces, todos recordaríamos sin pasiones que Humala fue el tercer jefe de Estado en la democracia post fujimorista.
Pero para crear ese escenario solo hay un camino: levantar el teléfono, convocar y dialogar.

Por Víctor Andrés Ponce


(30 – Ene – 2015)

CARICATURA DEL DIA



CARICATURA DEL DIA

jueves, 29 de enero de 2015

¿Y tu prójimo?



Sobre la visión del desarrollo de nuestra clase empresarial y la cohesión social.

Contrariamente a lo que se cree en el Perú, no basta con el crecimiento económico para lograr el desarrollo, porque se puede crecer capturando rentas, sin fortalecer las instituciones ni garantizar la seguridad. Pero ese crecimiento tiene un límite y lo estamos viendo. Una de las condiciones para cruzar el umbral del desarrollo es que exista cohesión social, que es la capacidad que tiene una sociedad para asegurar el bienestar de todos sus miembros, al minimizar las disparidades y evitar la polarización. Ello porque existe un interés de grupo para lograr el desarrollo y que todos los ciudadanos, de acuerdo a su esfuerzo individual, puedan disfrutar de los beneficios. Es por ello que quienes sostenían que Conga debía desarrollarse a la fuerza, sin importar que las comunidades cercanas se opusieran, se equivocan. De la misma manera también se equivocan quienes sostienen que las grandes empresas extractivas no tienen mayor obligación que la de cumplir los contratos suscritos con el estado, extraer el mineral y pagar impuestos.
Una muestra de la falta de cohesión social que existe en el Perú se desprende de un estudio de Víctor Shiguiyama, en el que se hace una interesante comparación entre el ingreso per capita de Perú y Chile y la participación de sus ciudadanos en actividades filantrópicas.
De acuerdo al Banco Mundial, el PBI per cápita en el Perú es de US$6,600 y el de Chile es US$15,700, esto es, el de Chile es aproximadamente 2.3 veces mayor que el del Perú. Sin embargo, utilizando datos de las recientes teletones, podemos ver la diferencia entre el compromiso social de sus ciudadanos. En la teletón en Chile (Noviembre 2014) se recaudó US$46.3 millones y en la del Perú (Noviembre 2014) US$ 2.3 millones. Esto es, en el Perú se recaudó veinte veces menos que en Chile. La mayor donación individual en Chile fue de la familia Luksic por US$ 4 millones, mientras en Perú fue de US$130,000 realizada por el BCP. Esto es, la empresa peruana que más se comprometió con la Teletón, donó treinta veces menos que la empresa Chilena.
La distribución de ingresos entre Perú y Chile es similar, sin embargo en el Perú donamos 8 veces menos en promedio (relativo solo a ingresos), mientras que comparando a los mayores donantes, en Chile comparten 12 veces más que en el Perú.
Chile forma parte de la OECD, a donde los empresarios peruanos nos dicen que el Perú ya va a llegar, que estamos a un pasito. Pero parece que nuestros empresarios no entienden qué significa ser un país desarrollado. Y ello no pasa exclusivamente por lograr que el PBI per cápita supere una valla. ¿Cómo lograremos el desarrollo si nos oponemos a la planificación centralizada pero al mismo tiempo carecemos de una visión de país y de compromiso del sector empresarial? Cabe resaltar el reciente esfuerzo del empresario minero Eduardo Hochschild con la Universidad de Ingeniería y Tecnología – UTEC. Si queremos que el Perú se convierta en un país desarrollado, necesitamos más empresarios con visión de país, invirtiendo en el futuro. Necesitamos cohesión social, porque de nada sirve que el 1% crea que vive en la OECD, mientras la población más pobre no tiene sus necesidades básicas satisfechas.
Por Ana Luisa Guerrero
(29 – Ene – 2015)

Ciudad de pobres corazones




Cuando la solidaridad parece un sentimiento sesgado por el odio.

Hace unas semanas leía un interesante artículo de mi buen amigo Manuel Eráusquin sobre el placer de la lectura. Mencionaba él algunos autores que ha leído con mayor interés y delectación. Entre ellos aparecía el nombre de Mario Vargas Llosa. Algo, sin embargo, llamó poderosamente mi atención. No fue el texto –no es novedad el talento de mi amigo, sin duda–, fue el comentario de un anónimo que denostaba las cualidades literarias de nuestro Premio Nobel, acusando a Manuel de tener un juicio crítico cegado por una supuesta simpatía desmedida por MVLL. No todos tenemos que apreciar sus novelas, es verdad. El quid del asunto, no obstante, es que al seguir leyendo al espontáneo comentarista uno advierte la animadversión que en términos políticos despierta en él la imagen de Vargas Llosa. La ecuación resulta sencilla: un fujimorista considera enemigo político a MVLL y, por consiguiente, y sólo por ese factor, lo califica como un sobrevalorado escritor.
Esa incapacidad –o elección– de no separar aspectos diferentes de una persona con la que se discrepa no es, lamentablemente, algo fuera de lo común. Lo vemos en diferentes modalidades. Hace poco la ex alcaldesa de Lima, Susana Villarán, fue asaltada de manera violenta en plena vía pública. Puedo entender a aquellos que la tildan de “inepta” en la medida que consideran deficiente su gestión (en varios puntos puedo coincidir, incluso). Lo que no concibo es la nula sensibilidad ante la desgracia ajena. “No hizo nada por la seguridad ciudadana; ya tiene su castigo”, “por qué le van a dar seguridad si ya no es autoridad”: he leído y escuchado de personas aparentemente sensibles. Las mismas que lamentaron, como es debido, el asalto del que fue víctima Gastón Acurio.
Lo mismo podría decir de aquellos que malsanamente señalan que el cáncer que padece Alberto Fujimori es un castigo por todo lo que ha hecho (¿para eso no está el Poder Judicial que lo ha sentenciado a prisión como es debido?). O aquellos –religiosos incluidos– que dicen que los periodistas asesinados de la revista Charlie Hebdo se buscaron esa forma de morir por “burlarse” de las creencias de otros. Nunca compaginé con el tipo de humor de aquella publicación francesa –algunas caricaturas me han parecido burdas–, pero no se justifica, para nada, una respuesta criminal como la que hemos visto.
Hace mucho escuché decir a Aldo Mariátegui que si fuera por él, Miguel Grau –el caballero de los mares, como se le conoce– habría ido a juicio en el fuero militar por haber salvado la vida de varios combatientes chilenos que, rendidos e indefensos, iban a perecer en el mar. ¿Cuándo la solidaridad –entendiéndose para cualquiera, no sólo para nuestros pares– perdió su valor? Por qué tenemos que escuchar a un ministro, como el señor Urresti, criticar a la periodista Claudia Cisneros por apoyar a los jóvenes que pedían la derogatoria de la “ley pulpín”, argumentando que dicha ley no la incluía. Por suerte hay personas como Claudia que se preocupan por el bienestar del prójimo, por suerte hay bomberos voluntarios que no sólo arriesgan su vida para salvar la de otros –incluso para salvar a indefensos animales–. Por fortuna hay seres humanos para los que la frase “pensar y actuar con el corazón” no es una simple y vacía metáfora.
Carlos M. Sotomayor
(29 – Ene – 2015)

Se lentifica reducción de pobreza




Efecto inevitable de la desaceleración y caída de inversión privada. 


El Instituto de Economía de la Cámara de Comercio de Lima (IECCL) acaba de informar que alrededor de 79, 000 peruanos habrían retornado a la condición de pobres. Según el IECCL, con un crecimiento del 2.7% del PBI la pobreza tendería a subir 0.25 puntos porcentuales. Al respecto, las cosas estarían más negras, porque el BCR acaba de informar que el crecimiento del 2014 apenas fue de 2.4%.
Para comprender la magnitud de las consecuencias de la desaceleración económica y de la disminución del ritmo de reducción de pobreza, vale recordar  que los propios estudios del Instituto de Economía señalan que, en el Perú, anualmente se incorporan más de 300 mil personas a la Población Económicamente Activa (PEA) y para absorber esta demanda se empleo se necesita crecer por lo menos a un 4% del PBI.
Cuando en este Portal se defiende el papel de la empresa privada en el crecimiento y el desarrollo, en realidad, estamos defendiendo el derecho de más de un 23% de peruanos que todavía son pobres a abandonar esa condición. Siempre lo hemos dicho: solo el crecimiento de la inversión privada permitirá reducir la exclusión social, habida cuenta que del total de reducción de pobreza de las últimas dos décadas, el 80% se explica por el aporte privado y el 20% restante por los programas sociales del estado. Y la reducción ha sido descomunal: del 60% de la población al 23% actual.
Apenas se conocieron estas cifras, algunos líderes políticos empezaron a tuitear señalando que la pobreza ya estaba aumentando en el país. Todo lo cual nos indica que el caliente debate sobre la desaceleración económica se trasladará al de cuánto se ha reducido la pobreza. El gobierno de Ollanta Humala no solo será acusado de haber detenido el milagro económico peruano sumiendo al país en la desaceleración, sino también de haber lentificado drásticamente el ritmo de reducción de pobreza.
Este debate se desató el año pasado, cuando Alan García señaló que, entre el 2006 y el 2011, la pobreza se había reducido de 48% a 29%, mientras en los tres primeros años del gobierno nacionalista “solo se había reducido de 29% a 25%”. Por su lado, la ministra de Desarrollo e Inclusión Social, Paola Bustamante, replicó que la pobreza había caído de 29 a 23.5%.
Si se confirman entonces las cifras de la Cámara de Comercio de Lima, de una u otra manera, el ritmo de reducción de pobreza se habría lentificado en el país y los efectos, como todos sabemos, no solo serán económicos y sociales sino también políticos. Por lo pronto, se desencadenará la resurrección de los discursos estatistas contrarios a la economía de mercado, porque la “economía habrá comenzado a fracasar por su dependencia de los precios de los minerales y habrá llegado la hora de diversificar la economía mediante la intervención estatal”.
Como se ve la reducción del ritmo de reducción de pobreza puede ser una de las peores noticias de las últimas décadas en el país.
29 – Ene – 2015

Dicente, docente, decente



Acerca de la pérdida de algunos valores en el ejercicio de la política

Así como en la especies, también hay palabras que pueden estar en peligro de extinción. Ciertamente, algunas desaparecen como consecuencia natural del desgaste. Otras –como la palabra decencia- parecen estar en peligro de extinción más bien por una suerte de inescrupulosidad social a la que nos estamos habituando peligrosamente.
En sus orígenes latinos, la voz decente aludía a ´convenir, estar bien, ser honesto´. Estar bien con uno mismo y con los demás. Esa dimensión social tiene precisamente el significado de la palabra convenir.
Avanzado el español, decencia se emparentó con decoro. Como una virtud que definía al ser humano. Ser decente y decoroso eran –finalmente- una sola voz. Siempre connotando virtud individual a ser reflejada ante los demás.
Lamentablemente, la palabra decoro perdió su esencialidad virtuosa. Se apegó más bien a adorno, a exterioridad. Y entre nosotros primero el binomio decente-decoro se hizo solo atributo ornamental de una clase social determinada (los ´decentes´). Para, por este camino de puro adorno y denominación de un grupo social, terminar por perderse como palabra y virtud reales. Estando, al parecer, el significado original en más que evidente peligro de extinción.
Una prueba de ello son los decires de ciertos personajes políticos. Inimaginables poco tiempo atrás. Y, sin embargo, sistemáticos hoy. Léxico único de al menos dos señores ministros y –por extensión- de otros personajes que nos gobiernan. Porque se dice no solo con palabras, sino con silencios cómplices. Se dice con gestos y actitudes. Los decires y el léxico total de algunos personajes públicos revelan que -al menos para ellos- la palabra decencia es una especie extinguida. Y hasta la dimensión de adorno social, una especie en extinción.
La palabra y el hacer del político tienen una dimensión docente. La gente –queriéndolo o no- sigue sus decires. Y lo que se enseña no siempre es necesariamente bueno. No lo es particularmente para la vida en democracia.
En algún artículo anterior dijimos que nuestra vida pública estaba siendo signada por una santísima trinidad. Aquella de la rima consonántica Martín-Chocherín-Nadin. Los decires de muchos de nuestros gobernantes actuales –al insistir desesperada y sistemáticamente en el insulto, la diatriba o los silencios cómplices- no hacen sino confirmar que si acaso esa asociación existiese, es urgente y necesario reemplazar ya la santísima trinidad consonántica aludida por el virtuosismo de la santísima trinidad dicencia, docencia y decencia.  Por la salud de la vida democrática, para creyentes, ateos o agnósticos.
Por Eduardo Zapata Saldaña
(29 – Ene – 2015)

CARICATURA DEL DIA

CARICATURA DEL DIA


El turismo en el desarrollo regional

El turismo en el desarrollo regional


Los países, como las regiones, tienen la capacidad de elegir, o se toma el rumbo del futuro diferente o el tren de la historia pasa por la “nariz de Cleopatra” como escribiera Pascal. Pero el futuro diferente está ligado proporcionalmente a la capacidad de “to lead” o liderar y eso pasa por la “política” definitivamente.

Como se sabe el turismo es un gran generador de divisas. Los estudios más honestos la ponen en segundo lugar después de las materias primas. En las muchas fortalezas o “ventanas de oportunidad” nuestra región tiene la fortuna de tener una “diversificación natural” de la oferta turística. Pero el detalle es que el turismo no aparece como un pilar básico en la construcción y el desarrollo de las fuerzas productivas de nuestra región.

Hay varias razones o motivos que necesitan ser, si cabe la palabra, “explicados” para definir la “política” turística regional. La primera -como de costumbre- es la geografía la que impone la prospectiva regional. Nuestra organización territorial, a diferencia de los llanos, es altitudinal, vamos de la costa a la sierra.  Hay entonces dos políticas diferenciadas. La costa siempre tendrá mejores ventajas con respecto a la sierra en torno a la oferta de servicios más eficientes y de calidad, por tanto la segunda “explicación” es una brecha de infraestructura básica. Las principales ciudades de la región todavía no han cubierto el servicio de agua potable. Solo el 24% de las vías regionales han sido asfaltadas. ¿Cómo entonces -por ejemplo- diseñar una estrategia de turismo rural comunitario si las vías y los servicios básicos son deficitarios? Churín, en la provincia de Oyón, la ciudad del turismo medicinal, ha colapsado sin tener mayor alternativa que el desorden generalizado. La comunidad de Huanangui, en Leoncio Prado, lugar de la “chirimoya orgánica”, que ha intentado por años “abrirse” hacía el turismo no tiene siquiera una vía afirmada. La infraestructura produce impactos inmediatos, crea círculos económicos virtuosos, acercan los mercados, reduce las desigualdades, es decir; mejora la calidad de vida. La sierra esconde un potencial enorme de recursos y necesitan ser aprovechados pero solo si la acompaña la “obsesión por construir”. La tercera es lo “cultural”. Nuestra región podría ser la cuna de la religión y la civilización andina. Caral es el recordatorio permanente que una civilización floreció en el mismo periodo de las grandes culturas hace 5000 años. El río Amarillo en China ordenó el desarrollo y el territorio del imperio de la etnia “Han”, lo mismo el Nilo en Egipto. Nosotros no tuvimos un río que ordene el futuro. Por eso en cada cuenca encontramos restos de civilizaciones unidas bajo patrones homogéneos. Hace cincuenta años creíamos que Chavín era la primera cultura desarrollada pero “siempre hay griegos para unos romanos”. La cuarta es Lima, la capital. Solo Lima norte, o el cono norte, tiene 3 millones de habitantes. Es lo mismo -si se quiere poner en perspectiva- que el Uruguay actual. Lima es además la primera ciudad emisora de turistas. Nuestra ventaja es que somos la región más cerca a esa ciudad de 10 millones de habitantes, con una clase media emergente, con nuevos gustos y más sofisticada. ¿Qué oferta turística competitiva le damos a esos nuevos “clasemedieros” si apenas tenemos en promedio diez horas de agua potable? La quinta es una política de “marca regional”. ¿Cómo logramos un feliz encuentro entre el pasado y futuro, un logo, un slogan, una definición? ¿Cómo construimos una marca si todavía no tenemos nombre oficial como región? ¿Limaprovincianos, provincianos de Lima, región Independencia, qué somos?  

El turismo regional puede ser “el gran salto hacia adelante”. No somos la primera región que intenta poner su actividad económica en la “industria sin chimeneas”.  Propongo dos políticas inmediatas. La primera es el diseño de una “política marco”. Hay que elaborar un “programa o unidad ejecutora de proyectos”. Algo así como un “programa especial” que concentre, formule y priorice los proyectos para el desarrollo del turismo. La segunda es acercarnos a otras experiencias. ¿Cómo hizo España y la Unión Europea para mejorar el turismo rural a través de la “Estrategia Leader” y derrotar a la pobreza? ¿O cómo hizo México para tener amplios clúster turísticos con proyectos de infraestructura?

Nuestra región tiene potencialidades y ventajas. Estamos en una “coyuntura crítica” o tomamos el tren o nos quedamos esperando otra oportunidad.                     
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miércoles, 28 de enero de 2015

Sesgo anti privado en la Sunedu



TC establece que contratos entre privados se pueden incumplir.

El 2015 empezó con malas noticias para la inversión privada en educación. Poco a poco, el Estado va organizando un modelo en que se busca desterrar la inversión en este sector. Hoy, algunos pueden sostener, por ejemplo, que existen “centros educativos que buscan el lucro y otros que están animados por fines sociales”. Si este razonamiento prospera, habrá surgido un cáncer peligroso para la economía de mercado.
Ni bien asumió el cargo Lorena Masías, la Superintendenta Nacional de Educación Superior Universitaria (Sunedu) dejó en claro sus prejuicios contra la inversión privada. Sobre la marcha, sin parpadear, señaló que existen 66 universidades privadas con licencia provisional y que si no se adecúan a los “estándares de calidad” tendrán que cerrar. Algo más: sostuvo que la ex Asamblea Nacional de Rectores (ANR) entregaba esas licencias. ¿No sabe acaso que las licencias provisionales eran parte del trámite regular de cualquier emprendimiento privado ante el Consejo Nacional para la Autorización y Funcionamiento de Universidades (Conafu)? ¿No se da cuenta que con sus declaraciones producirá una estampida en los centros educativos? ¿Con  la Sunedu ya no existirá la licencia provisional sino definitiva? ¿Cómo? ¿No habrá pruebas, ensayos y errores?  O,  ¿la fundación de una universidad será un acto político, como antes lo hacía el Congreso? Veremos.
Las declaraciones de Masías confirman los peores temores sobre el sesgo contra la inversión privada de la Sunedu. Un grupo de universidades lideradas por la Católica quiere liquidar a la competencia. La razón es simple: se teme a  las privadas de excelencia por su enorme capacidad de reinvertir utilidades y se pretende que el Estado vuelva a ser “el salvador” frente a la mala educación privada (que innegablemente existe). En vez de empoderar a los consumidores, es decir, alumnos y padres de familia, con información sobre la demanda de las universidades y facultades en el mercado, se vuelve a empoderar al responsable de la mala educación: el Estado.
Pero las malas noticias contra la inversión privada en educación no se reducen a la Sunedu. El Tribunal Constitucional ha violado los principios de economía de mercado que consagra la Constitución: ha establecido que los usuarios de un centro privado pueden dejar de pagar sus pensiones hasta por seis meses, sin pagar mora, penalidades ni intereses reales. El efecto ha sido brutal. María  Isabel León, presidenta de Asiste Perú, ha señalado que los índices de morosidad se han elevado en algunas instituciones de 5% hasta un dramático 50%. Si el TC sostiene que algunos contratos entre privados se pueden incumplir, entonces, la economía de mercado está con la soga al cuello. Mañana serán las tarifas eléctricas, las telefónicas, hasta repetir las viejas historias que conocemos.
Cuando Humala quiso restablecer el monopolio en la refinación de los combustibles con la compra La Pampilla, el Perú se levantó como un puño e hizo escuchar su voz.  Si el gobierno manejaba los precios de los combustibles “con criterios sociales” la división entre “empresas sociales” (Petroperú) versus “empresas de lucro” era  la puerta de entrada de la receta económica chavista.
De una u otra manera lo que está sucediendo en el sector educación es ese mismo tipo de división. La Católica, por ejemplo, tiene “fines sociales”, no obstante que sus pensiones son bastante elevadas y reinvierte mucho menos utilidades que las privadas, pues la mayor parte se destina a viajes y eventos de los “profesores y grupos sociales”. En todo caso, se viene un debate fuerte, muy fuerte.
28 – Ene – 2015

La hora de la oposición



La beligerancia política de presidente y el rol de las fuerzas democráticas.

El presidente Ollanta Humala y su gobierno se encuentran en su hora más difícil pero pareciera que no hay preocupación en los pasillos de Palacio. Después de la derrota sufrida en el Congreso con la derogatoria de la llamada Ley Pulpín la reacción del gobierno y sus voceros llevan la impronta de la venganza sin sentido con visos de que la confrontación no tendrá por el momento límites.
Estimado lector, seamos justos, se puede gobernar desde la mentira, con mano dura u otras recetas, pero nunca se gobierna desde la ignorancia. Lo que este gobierno hace es cometer errores no solo por su inexperiencia en el arte de la política sino porque sus desaciertos sucedáneos están marcados por un toque genuino de inopia. Este gobierno no aprende a pesar del tiempo y los errores cometidos. Ha llegado la hora de que la oposición cumpla mayores roles que la fiscalización y la vigilancia al régimen.
Es cierto que este gobierno ha echado por la borda tiempo irrecuperable y las consecuencias, sobre todo en la economía, son notorias. El magro crecimiento económico no hace sino refrendar la desaceleración de lo que algún día se llamó el milagro peruano. Los efectos llegan incluso hasta el corazón de la democracia y la gobernabilidad de la patria. El gobierno ha preferido insistir en la cultura de la sospecha desterrando toda posibilidad de diálogo, confianza y acuerdos con los sectores democráticos. Insiste en agrandar la línea del antiaprismo y el antifujimorismo, sin alcanzar los réditos políticos esperados.
La oposición debe tener la capacidad de mirar por encima de lo que el gobierno de Humala es en realidad: una aventura de Bonny and Clyde de corto tiempo. Lo que está en juego va más allá de la imposición de una ley, o de un escandalete como el de Belaunde Lossio, o de una red de espionaje muy mal montada, lo que está en el limbo es la democracia. Los líderes de la oposición, Keiko y García, deben entender que Humala y su gobierno son débiles, sus reacciones son propias del derrotado que necesita mostrar los dientes de cuando en cuando para que sepan que algo de vida queda.
Falta poco menos de dos años para que el gobierno de Humala se marche dejando atrás una gestión mediocre. La oposición debe ahora marcarle el camino a este gobierno para que la situación no se vuelva más compleja de lo que ya es. La voluntad debe ir incluso más allá de este año electoral donde seremos testigos de los puyazos más insensibles e inverosímiles. Son los intereses del país y no los de la pareja presidencial los que están sobre la mesa.  Si el gobierno no quiere o no tiene una salida a la permanente crisis la oposición debe mostrarle la luz del faro de la tolerancia.
Pero también es una oportunidad para adelgazar los antis. Si el fujimorismo y el aprismo insisten en hacerle el rigor al gobierno dejarán un margen amplio para la aparición de otra aventura que conlleve nuevamente a sentar a la democracia en el diván.
Por Iván Arenas
28 – Ene – 2015

Perdieron el gobierno y los jóvenes



Sobre la decisión del Congreso de derogar la llamada “ley Pulpín”. 

Finalmente, la ley “Pulpín” recibió el último puntillazo con la derogatoria que le aplicó el Congreso de la República. El Ejecutivo perdió, efectivamente. El estilo de gobierno confrontacional, altisonante, lindante con la prepotencia y lo rampante han fracasado. Estos no son usos y costumbres de una democracia que, a pesar de sus múltiples imperfecciones, sigue siendo el mejor sistema de gobierno.
Más allá de si la Ley de Empleo Juvenil significaba un avance o retroceso, lo cierto es que hoy la mayoría de jóvenes no cuenta con los beneficios que otorga la Ley General del Trabajo. Ergo, la ley vigente no refleja la realidad y, por tanto, ésta seguirá su curso, alimentando la informalidad, generando empleo de baja calidad que, a pesar de todo, permite a los jóvenes disfrutar de algún ingreso por su esfuerzo.
¿Por qué si existe una Ley General del Trabajo que establece las pautas que debe regir una relación laboral hay personas que aceptan condiciones de empleo más precarias? Nadie los fuerza a aceptar dicho empleo, lo aceptan porque no tienen otra alternativa. La informalidad paga por día trabajado, sin proporcionar seguridad social. Si el trabajador quiere descansar, en el mejor de los casos se le concede “permisos no remunerados”. Lo que prima es el contrato verbal, sin documentos de por medio, ni licencias de funcionamiento. Se trabaja a puerta cerrada.
¿Pero ello no está prohibido? Sí, está prohibido, pero ésa es la realidad. Una opción es reprimir al contratista informal, pero son tantos y mayor aún el número de sus trabajadores, que difícilmente el Ministerio del Trabajo y Promoción del Empleo tendría suficientes fiscalizadores ni el resguardo policial necesario para hacer cumplir la norma.  Lo más probable es que, salvo algunas escaramuzas televisivas, no ocurrirá más nada. Recordemos las imágenes de la clausura del ex mercado mayorista “La Parada”: policías apedreados cuyas vidas estuvieron en riesgo, caballos sacrificados, saqueos en el emporio textil Gamarra. Y a los extractores ilegales de minerales, mal llamados mineros informales, tomando carreteras y desafiando a la autoridad. Imaginemos este escenario de confrontación permanente a nivel nacional. ¿no implicaría un quiebre de la pobre institucionalidad?
Se calcula que casi el 52% de la Población Económicamente Activa trabaja en la informalidad; es decir, más de 8 millones 470,700 peruanos están subempleados, trabajan al margen de la Ley General del Trabajo.  Si analizamos el subempleo por rangos de edades, veremos que es varias veces mayor entre los jóvenes, respecto al promedio nacional.
Si los contratistas de los trabajadores informales fuesen obligados a cumplir la ley, lo más probable es que al día siguiente dejen de operar porque el negocio no les dejaría margen para asumir todo lo que estipula la ley o seguirían operando de manera más clandestina, gracias a la vista gorda de algunas autoridades.
En consecuencia, la corrupción se incrementaría y tendríamos millones de desempleados más; la pobreza extrema y la pobreza se acrecentarían y la violencia y la inseguridad ciudadana registrarían ribetes de espanto.
Al respecto, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha informado que la pobreza afectó en 2014 a 28% de la población de América Latina, lo que revela que su proceso de reducción se ha estancado, principalmente debido a la desaceleración económica. Entre los años 2012 y 2013, el Perú redujo la pobreza en 1.9%, Paraguay lo hizo en 8.9%, Colombia en 2.2% y Chile en 3.1%.
En el tira y afloja de la ley Pulpín han habido algunos ganadores, los surfistas de la protesta se treparon una vez más a la ola del descontento. Ellos dirán, ¿Propuestas… para quéEstamos ocupados afinando nuestras estrategias con miras al próximo proceso electoral.
Cuánto extrañamos los altos niveles de inversión, expansión económica y elevación de la productividad, así como su correlato positivo, la disminución de la pobreza.  Se requiere liderazgo, convicción y don de gentes para retroceder un paso en la certeza de que en el largo plazo daremos un gran salto al desarrollo.
El Perú gozará de los beneficios de La Ley General de Trabajo únicamente cuando los niveles de productividad hagan posible el sufragarlos.
Por: Guillermo Vidalón del Pino
28 – Ene – 2015

Es la igualdad, necios



Sobre la desastrosa derrota política del gobierno con su ley “pulpín”.

¿Qué está esperando Humala para pedir la cabeza de los dos ministros pulpines que lo embarcaron en el monumental despropósito del régimen laboral juvenil y han conducido a su gobierno al más calamitoso desastre político que se ha visto en años?
Segura y Ghezzi se llaman, por si acaso, este par de bisoños. A ellos les pareció una idea brillante disfrazar medidas pro empresariales como si fueran medidas pro laborales. Hay que ser verdaderamente lerdo para intentar pasar ese gato por liebre.
Pero comprarse esa idea resulta más torpe aún, si cabe. Esto es al parecer lo que hizo la presidenta del partido del gobierno, quien amadrinó la iniciativa de estos pulpines de escritorio. Ahí tiene el resultado. A la hora undécima, ella trató desesperadamente de disimular, esconder, disfrazar en el debate la estrepitosa derrota del nacionalismo -que preside- agregando a la ley moribunda, a último minuto, los beneficios que la misma ley originalmente recortaba. Y allí estuvo su vocero en el Congreso tratando de parar la votación de la derogatoria ofreciendo recular hasta los conchos con tal de impedir que se notara la derrota.
Este par de tecnócratas desavisados vino, pues, a ponerle un contenido económico al marco político vacío de las groserías de sus tres colegas de gabinete: Cateriano, Figallo y Urresti. La inexperiencia de los pulpines no es disculpa, más bien la experiencia de los otros es un agravante. Ayudaron eficazmente a condenar la ley.
 Hay dos lecciones en esta historia: una mayor y otra menor. La menor  es que nunca más debería gobierno alguno poner a inexpertos a manejar la economía. Es un asunto demasiado serio para dejarlo en manos de economistas. A quién se le ocurre intentar un remedo de reforma laboral por un gobierno de salida sin credibilidad.
La lección mayor, sin embargo, es la que cualquier político hubiera podido señalarles: que no había que meterse con el sancta sanctorum de la igualdad.
Es allí a donde corrieron sin saber lo que hacían. El tema de la derogada Ley pulpín en el fondo nunca fue, como creyeron  los ministros, un régimen laboral de excepción más, para los jóvenes. Aquí estaba involucrado, yacía dormido, el principio de la igualdad.
 Permítanme explicar: si la idea fundadora del Estado moderno en los siglos XVI y XVII fue la de la autoridad política y la de los siglos XVIII y XIX la de la libertad económica, en los siglos XX y XXI la idea-fuerza de la sociedad ha sido, es y seguirá siendo por mucho tiempo la de la igualdad. No existe fuerza política más grande.
Allí fueron a meterse estos descarriados del gobierno humalista. Nada menos. En este momento incluso, ahora mismo, se estarán preguntando qué es lo que les ha pasado por encima. Es la igualdad, necios, el poder de una idea.
Jorge Morelli (@jorgemorelli1)
(28 – Ene – 2015)

Cae Pulpín, ¿quién gana?



Todo indicar que con la derogatoria ganaría otra vez el outsider desconocido.

A estas alturas para nadie es un secreto que el principal derrotado con la derogatoria de la ley del Régimen del Empleo Juvenil ( ley Pulpín) es el gobierno de Ollanta Humala. Pero luego de la batalla aparecen los generales victoriosos que reclaman la paternidad de la derogatoria. El primero en hacerlo ha sido el ex presidente Alan García. Atribuye su autoría en el supuesto triunfo al hecho de haberle doblado la mano en el asunto a Keiko Fujimori y a PPK.
Como se sabe, el fujimorismo, un sector del Apra y el propio PPK, se habían manifestado a favor de la ley del empleo juvenil, pero luego de la audacia alanista todos retrocedieron. ¿Significa que Alan se lleva los puntos? De ninguna manera. Aquí debe repetirse el viejo aserto sobre el que nadie sabe para quién trabaja. Únicamente hay que escuchar a los líderes de las protestas estudiantiles para notar que los muchachos están demasiado encantados con los discursos de la izquierda estatista.
Ensoberbecidos con la derogatoria y, seguro considerando las marchas estudiantiles sureñas que cambiaron el escenario político mapocho y el brillo fugaz de Camila Vallejos, los dirigentes juveniles ahora pretenden marchar por una ley del trabajo que establezca, inclusive, condiciones más rígidas para la contratación y el despido. Así están las cosas en el movimiento estudiantil y algunos generales pretenden apropiarse de una victoria que ahora aparece demasiado lejana.
En otras palabras,  en los líderes de la protesta no hay la menor idea sobre las causas de la precariedad del empleo, la extendida informalidad y ni siquiera existe un esbozo de un modelo económico alternativo, como suelen decir, excepto los desgastados latigazos que la izquierda gusta lanzar contra el neoliberalismo. En otras palabras, no obstante la vitalidad y la frescura de los rostros de los manifestantes, las ideas y las aproximaciones los acercan más al pasado. Y es que los políticos se han portado tan mal, pero tan mal, que hasta los mismos infiernos pueden aparecer lugares viables para las nuevas generaciones.
¿Quién gana, pues, con la derogatoria de la ley Pulpín?  Sostener que la izquierda es la ganadora sería soltar palabras al viento. Las posibilidades de que una propuesta zurda, al margen de la evidente militancia de los dirigentes, represente el movimiento, son bastante remotas. De una u otra manera, la sociedad ha sido inmunizada contra los colectivismos de todo tipo con el velascato, la hiperinflación de los ochenta y el terrorismo senderista. Que los muchachos son demasiado jóvenes para haber vivido esas tragedias es verdad, pero la memoria social que se transmite en las mesas familiares, los medios y las reacciones sociales están allí para recordar los yerros.
Todo parece indicar que con la derogatoria de la ley empleo juvenil podría haber ganado el outsider desconocido que se atreverá a desafiar el status quo. El apellido del hipotético martillo que demuela todo lo conocido no sería de izquierda sino de la “antipolítica”, del viejo “una nueva manera de hacer política”, de “refundar la república” y todas esas monsergas que han agitado los candidatos a tiranos en América Latina.
Para quienes alguna vez fueron también dirigentes estudiantiles no es extraño contemplar la natural tendencia a la radicalización de los jóvenes.  Pero todo lo que dura en política casi nunca ha nacido de los impulsos de la adrenalina sino de la reflexión. Así como una golondrina no hace un verano, varias marchas contra una ley no hacen nada nuevo.
Por Víctor Andrés Ponce
28 – Ene – 2015

CARICATURA DEL DIA


Uchuraccay: La verdad a la luz



Después de 32 años, una investigación periodística esclarece cómo ocurrió aquella tragedia

Tras dos años de investigaciones en las que recogieron 90 testimonios de actores y testigos directos de la matanza de Uchuraccay, Ayacucho, el 26 de enero de 1983, los periodistas Víctor y Jaime Tipe Sánchez, han publicado un libro que esclarece hechos que durante 32 años estuvieron en la nebulosa o eran “verdad oficial”. El libro revela las circunstancias exactas en que se produjo la matanza y la reconstruye dramáticamente con lujo de detalles reveladores.
Los autores de la obra Uchuraccay, el lugar donde morían los que llegaban a pie, son personas sin prejuicios ideológicos o políticos, ayacuchanos quechua-hablantes que, con paciencia y tesón, quebraron el muro de silencio y de desconfianza de los ucharaccaínos, con constantes visitas y prolongadas estadías en esa remota comunidad.
El reportaje nos revela que en 1983 Uchuraccay era un pueblo pobre y remoto, pero vinculado al mundo. Su escuela tenía 50 años, había cuatro bodegas y muchos comuneros trabajaban en las cosechas del valle, al que bajaban constantemente para vender y comprar productos. Un comunero tenía un automóvil, otro estudió la secundaria en Lima, etc. No eran casi salvajes como sostiene el informe de la comisión Vargas Llosa, que investigó el caso.
Revela además que la matanza se produjo porque los comuneros confundieron a los reporteros por senderistas: Cuando Jorge Sedano abrió su maletín para mostrar que traía solo su equipo fotográfico, el comunero que lo revisaba le encontró una “bandera roja”, gritó “¡terruco de mierda! y lo mató al instante de un golpe feroz en la cabeza. Enseguida se desató la barbarie. La “bandera” era en realidad una franela roja que protegía las lentes de su cámara.
Otra revelación importante es el contexto de la tragedia. Cuando llegaron a Uchuraccay, ésta y las demás comunidades de Iquicha estaban en guerra contra SL. En Lima se pensaba que la lucha era entre terroristas y militares, cuando en realidad se estaba viviendo una rebelión popular contra Sendero como reacción por los asesinatos de autoridades y comuneros y por el régimen de vida abusivo y de terror que habían impuesto los terroristas.
Pero el libro nos revela sobre todo que, una vez más, el Perú oficial estuvo de espaldas al Perú profundo. Optó por ignorar  lo que ocurría en Ayacucho: Sendero estaba matando a los campesinos que se negaban a entregar a sus hijos a la “lucha armada”, a aceptar las “reglas del partido” que los obligaba a darle a SL la mayor parte de la cosecha, obedecer solo a los “comisarios” senderistas, y además les prohibía bajar al valle, celebrar sus fiestas patronales y costumbristas, etc. Quien protestaba contra tales abusos era asesinado.
Surge aquí la pregunta: ¿por qué el estado no apoyó decididamente la rebelión campesina, que después se extendió a todo Ayacucho y derrotó a Sendero? La respuesta estaría en la debilidad del gobierno ante quienes sostenían que los alzados eran “paramilitares”. Gracias al libro, hoy sabemos que Sendero sembró esta versión falsa para aislar a los campesinos rebeldes.
La obra nos revela que fue una senderista, Juana Argumendo, quien declaró que los militares estuvieron en la matanza, primero ante el Colegio de Abogados de Ayacucho, y después ante el tribunal que juzgó el caso, en Lima. Argumedo también delató a muchos campesinos que SL asesinó en Uchuraccay, según los testimonios que recoge el libro. Al ser confrontada por Víctor Tipe, le respondió desafiante ¡Que me lo prueben pues!
En síntesis, el libro tiene un extraordinario valor histórico y periodístico, y nos demuestra que sí se puede reconstruir los hechos y hallar la verdad. Con pocos recursos, los hermanos Tipe lo han hecho, y hoy el Perú sabe con nombres y lujo de detalles quienes mataron a los periodistas y por qué se produjo la tragedia. Los mártires del periodismo peruano pueden ahora descansar en paz.
Por Víctor Robles Sosa
(27 – Ene  – 2015)