miércoles, 4 de marzo de 2015

Lo sabremos en un año



¿Seguirá siendo el populismo asistencialista decisivo para los resultados de las elecciones?    

Si el populismo todavía puede ganar elecciones en el Perú, significa que hemos sobreestimado el progreso alcanzado por el país en los últimos 25 años.
¿Cuál populismo? El de los programas “sociales” de este gobierno. Querían sorprendernos. El impacto electoral de esos programas iba a permitirles quedarse en el gobierno (y a la continuidad seguirle llamando cambio). Con el eufemismo de la inclusión social iban a encubrir lo que nunca fue otra cosa que populismo electoral.
Es cierto que el populismo latinoamericano se ha vuelto sofisticado. Ahora viene “condicionando” sus dádivas a ciertos avances en salud o educación, según la franquicia –un reality político- de invención brasileña. La computadora permite hacer el seguimiento del caso.
Pero ese no es el único objetivo. El otro son los votos. Por más maquillaje que se le ponga, el artefacto aun se parece al de la Fundación Eva Perón en la Argentina de hace más de 50 años. Es el mismo viejo esquema del populismo del siglo pasado, con información ahora acerca del votante-beneficiario.
La inversión del gobierno humalista en populismo es mucho mayor que la de los dos gobiernos anteriores. En los cuatro años centrales de su gobierno (para no entrar en discusiones), el toledismo invirtió en programas sociales más de ocho mil millones soles, y el segundo alanismo cerca de once mil millones. De seguir la tendencia actual, solo en los cuatro años centrales de su gobierno (2012-2015), el humalismo habrá INVERTIDO EN populismo sofisticado cerca de veinte mil millones de soles, casi el doble del gobierno anterior.
Sin duda, la ayuda del Estado a los más pobres siempre será necesaria. Es un instrumento de igualdad  de oportunidades, como la educación. Pero un incremento de la misma al doble, de una administración a otra, no habla de igualdad sino de oportunismo.
Todavía está por verse el impacto que esto tendrá en las elecciones.
Al detenerse el crecimiento, ha vuelto a aumentar la pobreza. Eso debería mostrar qué es lo que sirve para combatir efectivamente a la pobreza, y la vasta inutilidad, por tanto, del populismo, incluso en su versión informatizada. Tal vez la sorpresa sea que el impacto del populismo versión carioca sea débil, lo que significaría que el pueblo peruano en su gran mayoría ya no puede ser cooptado por esos instrumentos. En tal caso, el país habría dado finalmente el salto cualitativo que, una vez leído por la clase política, traería por sí mismo la desaparición final de este viejo truco.
Pero tal vez sea demasiado pedir.
Quizás la percepción de alivio para el votante-beneficiario del populismo aun sea suficiente como para inclinar la cancha electoral de manera masiva. Quizás el populismo, en tal caso, siga siendo, aun hoy, decisivo del resultado electoral.
En un año más lo sabremos.

Jorge Morelli (@jorgemorelli1)
04 – Mar – 2015

El juego del diálogo



¿Es posible discutir y arribar a acuerdos en ausencia de los líderes políticos principales? 

Ayer se produjo la segunda reunión nacional del diálogo convocado por la jefa del Gabinete, Ana Jara, con la novedad de la participación del fujimorismo mientras se mantenía la abstención aprista. El tema de agenda: la reforma del sistema electoral. El presidente Humala inauguró la junta y quizá sintiendo que estaba en un cónclave de segundones se retiró con rapidez. ¿Semejante diálogo es el que necesita la democracia peruana para superar la casi perpetua sensación de que las instituciones caminan al filo de una crisis de gobernabilidad?
Una ojeada muy rápida a los participantes de la reunión y la propia agenda que se desarrolló nos plantean una pregunta: ¿Acaso el diálogo de Ana Jara no aborda los temas que se deben tratar en el Congreso? Todo indica que sí. ¿Por qué entonces la duplicidad de esfuerzos? Si en el Legislativo no se dialoga sobre la reforma electoral, ¿por qué tendría que suceder algo diferente con las convocatorias de Jara?
Algo, pues, está mal en las iniciativas de la señora Jara. En las democracias saludables, las conversaciones entre las diversas fuerzas políticas no se desarrollan para suplantar a las instituciones consagradas en la Carta Política sino para agregar un espacio de acuerdo cualitativamente diferente entre los actores públicos. Y ese agregado cualitativo solo lo pueden crear los jefes políticos.
Simplificando las cosas: ¿Se puede avanzar en convergencias políticas sin la participación directa de Keiko Fujimori, Alan García, PPK, el propio Humala y Luis Castañeda? Creemos que no. Tenemos entonces que terminar con los juegos del diálogo porque, finalmente, solo terminan devaluando la idea de los acuerdos y pactos tan necesarios para nuestra debilitada democracia.
El país necesita un acuerdo para cancelar la polarización que el nacionalismo desarrolló desde el primer día de gobierno, que ha terminado envileciendo el espacio público y cancelando los puentes entre oficialismo y oposición como solo sucede en los regímenes autoritarios de América Latina. De lo contrario, el calendario electoral y las estrategias de los candidatos interferirán de manera dramática en las funciones de gobierno. Es decir, las elecciones podrían terminar apagando los motores del Estado, la economía y la sociedad en tanto el gobierno se transforma en un actor electoral más.
Nuestras confusiones con respecto a los diálogos y acuerdos surgen de nuestras tradiciones políticas que siempre han priorizado el disenso sobre los consensos. Por ejemplo, Víctor Raúl Haya de la Torres, un político moderno del siglo pasado, fue acusado de traidor por promover pactos con sus peores enemigos en el afán de evitar la guerra civil.
Si bien la imposibilidad de las instituciones republicanas en echar raíces en suelo peruano tiene que ver con la ausencia de una sociedad de propietarios y ciudadanos debido a la exclusión de las masas andinas desde la Independencia, también está vinculada a la confrontación y las excomuniones de los caudillos que poblaron la escena pública del país. En las reiteradas convocatorias al diálogo y los permanentes gestos vacíos, de una u otra manera, parece reeditarse semejantes tradiciones.
Por Víctor Andrés Ponce
04 – Mar – 2015

CARATULA DEL DIA


CARATULA DEL DIA

martes, 3 de marzo de 2015

El mal cálculo del diablo


Reflexiones sobre la amenaza latente que sigue siendo el autoritarismo para nuestra democracia. 

¨Alguien debe estar haciendo algo para que eso no ocurra¨, es una de las frases más viciosamente optimistas del vocabulario peruano.
¨Alguien¨ somos nosotros. Más ¨alguien¨ son aquellos que tienen a su alcance los medios para diseñar y ejecutar los pasos necesarios para evitar que ocurra eso que, con justa razón, nos preocupa. Más ¨alguien¨ aún es quien tiene más que arriesgar en términos absolutos. Ser el ¨Alguien¨de la frase es la vara con que juzgará la historia.
La gravedad se torna mayor si al vicio citado le añadimos la terca necedad de creer que lo que sirvió para sobrevivir y salir airosos antes, frente a la bota del improvisado dictador sesentero, va a ser igualmente útil en este siglo de amenazas globalizadas.
Potentes cerebros de plazo oriental han venido usando eficazmente la caja chica venezolana manejada por titiriteros cubanos o formados en Cuba, consiguiendo que individuos con cara, verbo y gesto delirante o idiota, absolutamente acordes a su realidad, nos engañen acerca de la verdadera dimensión de la amenaza a nuestra libertad, consiguiendo el tiempo necesario para consolidarse hasta el punto que sea imposible la vuelta pacífica a la libertad y al respeto a la esencia de humanidad.
Está en nuestras manos la responsabilidad de actuar con pronta diligencia y constancia, deponiendo intereses de corto plazo, para que el mundo se ilustre a tiempo y desenmascare a todo aprendiz de Maduro, para evitar así que la fiera crezca y se fortalezca. No lo evitaremos humedeciendo los pantalones mientras buscamos la puerta de escape, ni emulando a la avestruz que esconde su cabeza en un hoyo repitiendo las peruanismos frases de arriba, mientras el depredador se acerca y crece.
Hemos visto sucumbir a pueblos hermanos de latinoamérica ante una  inteligente ofensiva de esta versión del anticristo, con miopía inaudita, no ya del vecino grande del norte, que nunca supo entender nuestra realidad, sino con necia tozudez de quienes, nacidos y crecidos en estas tierras, se niegan a asumir la comprensión de lo conocido y la responsabilidad de su futuro, analizando tercamente la realidad con categorías absolutamente inútiles al sur del Río Grande.

¿Le dirán a sus hijos lo mismo que les dijeron a los suyos quienes dejaron surgir a Hitler, Stalin, Castro y Pol Pot? ¿Llorarán el exilio como los venezolanos de El Doral en Miami? ¿Es que la cobardía y la miopía se han hecho peruanas? ¿Es que acaso todo lo construido no se hizo con gran esfuerzo propio y de los que nos precedieron, y por lo tanto merece el esfuerzo de defenderlo?
Por un error de cálculo del diablo respecto a la capacidad real de su herramienta primigenia, hemos tenido una oportunidad que no tuvieron Venezuela, Bolivia ni Argentina, pero esa ventaja no se va a repetir, el enemigo de la libertad aprende de sus errores. El tiempo de actuar es hoy, y no habrán esta vez San Martín ni Bolívar cabalgando prestos en nuestra ayuda.

Por Dardo López-Dolz
03 – Mar – 2015

Enfermos de corrupción



Un problema que atraviesa a toda la sociedad y que demanda reformas urgente para superarlo  

Las constantes denuncias de casos de corrupción plantean la necesidad de emprender reformas que acaben de raíz con un problema que atraviesa de manera transversal a nuestra sociedad. Porque es falso que solo los políticos son corruptos. Somos un país enfermo de corrupción.
El mal está en todos lados: el manejo de los fondos de los gobiernos regionales y locales; la venta de impunidad al crimen en fiscalías, juzgados, comisarías y cárceles; el saqueo de los fondos de la defensa por malos militares, la venta de plazas en los sectores Educación y Salud, el tráfico de medicamentos en los hospitales públicos, la venta de guías oficiales a traficantes de maderas o químicos, las coimas por inspecciones, licencias, permisos y autorizaciones, y un largo etcétera.
Todo ello se resume en dos palabras: descomposición institucional. El Foro Económico Mundial nos confirma esta realidad al ubicar al Perú en el puesto 118 del ranking de calidad de instituciones, entre un total de 144 países. Es decir, estamos casi en el sótano.
El investigador Javier Urrunaga. calcula que uno de cada tres soles de los presupuestos de inversión del país van a parar a los bolsillos de autoridades corruptas. Si el presupuesto de obras asciende a unos 39,000 millones de soles, significa que el Perú pierde unos 13,000 millones de soles al año en corrupción, solo en este rubro.
Los cuatro únicos presidentes regionales procesados por corrupción administraron presupuestos de obras por un total de 733 millones de soles. Si se le aplica a esa cifra la coima promedio de 30% por obra, hablamos de unos 227 millones de soles perdidos.
La descomposición institucional también contribuye a la desaceleración del crecimiento económico y la reducción de la pobreza, así como al avance de la delincuencia. Lentifica el crecimiento económico adrede al imponerles a las inversiones trabas burocráticas con el fin de cobrarles coimas en la concesión de licencias y permisos en ministerios, gobiernos regionales y municipalidades.
La corrupción institucional daña sobre todo a los pobres, al apropiarse de los fondos destinados a mejorar las escuelas, las postas médicas, a darles seguridad, caminos, redes de riego, servicios de agua y desagüe, etc. Sostiene además el andamiaje de impunidad que protege al crimen organizado y la delincuencia, que cada día matan a ciudadanos o los despojan de sus propiedades. El crimen crece porque no paga. Las autoridades policiales, judiciales y penitenciarias lo cubren de impunidad en lugar de castigarlo, a cambio de sobornos.
Según el Foro Económico Mundial, el Perú ocupa el lugar 137, entre 144 países, en confianza ciudadana en la policía. Y según el Barómetro Iberoamericano de Gobernabilidad, ocupamos el último lugar en el índice de confianza de las personas en la justicia. Así estamos.
¿Qué hacer? Asumir el reto. Lo más urgente es frenar el derramamiento de sangre que ocasiona la delincuencia, lo cual implica acabar cuanto antes con la la impunidad que la protege desde el estado: reestructurar la policía, la justicia y el sistema penitenciario ya mismo.
Frente al robo de los recursos del estado solo queda reestructurar la regionalización y construir un nuevo Sistema Nacional de Control eficiente, moderno y, sobre todo, autónomo. Es inconcebible que la Contraloría General de la República no tenga autonomía, fondos ni personal suficiente para prevenir y perseguir la corrupción.
Finalmente hay que liquidar las instituciones descompuestas y crear otras nuevas, como en los 90. Los pocos organismos públicos que funcionan hoy se crearon entonces como el soporte institucional del nuevo modelo económico: Sunat, Aduanas, Sunarp, Indecopi, MEF, Energía y Minas, Mincetur, Promperú, Proinversión y organismos reguladores.

La gran reforma que necesita el Perú para despegar hacia el desarrollo es acabar con la corrupción. ¿Alguien lo duda?

Por Víctor Robles Sosa
03 – Mar – 2015

CARATULA DEL DIA


CARATULA DEL DIA

lunes, 2 de marzo de 2015

los 60 de NELSON


Los 60 de Nelson
A casi 60 días de empezado su segunda gestión al frente del Gobierno Regional ya se pueden hacer algunos comentarios que espero sean tomados en cuenta y corregirlos.
Uno. Un presidente solitario y sin voceros técnicos-políticos. Si bien Nelson es el líder y la autoridad máxima elegida aún no ha logrado armar un equipo técnico-político funcional a sus necesidades.  Se le ve solitario ante la prensa y los ciudadanos. A comparación de Javier Alvarado que tenía a dos voceros “mañosos” y recorridos como eran Fernández Estrella y Liliana Torres, Nelson no tiene un cuadro de esas características. Mufarech, como era obvio, está alejado de la alianza por cuestiones personales. De su movimiento “La Familia” no hay otro que pueda cubrir las debilidades de Nelson y los “invitados” son solo eso. Necesita un cuadro “pechador”, inteligente para la prensa y buen comunicador.  

Dos. Una gestión con marca propia. Si algo enseña la comunicación política es que a veces el empaque vale más que la galleta. No es marketing político, ¡falacia engaña muchachitos! Es puramente política. Alvarado se jactó desde el principio de dos falsos dones: hablar bien y gestionar mejor. Ni lo uno, ni lo otro. Pero a Nelson le falta soporte comunicacional. Le falta inventar sus dones, una marca propia en relación a su nueva gestión. Ojo que es su segunda gestión y debe imponer característica propia. Un equipo técnico, dos palabras repetidas tantas veces como sea necesario – las ideas fuerzas- un slogan vendedor, declaraciones y opiniones en un mismo sentido, etc. (vean este vídeo y sabrán de lo que escribohttps://www.youtube.com/watch?v=Re8anX0OS5w#t=106)

Tres. La prensa espera sentada. Algunos le han dado cien días y otros apenas uno. Pero hay mucha prensa que prefiere todavía esperar aciertos pero sobre todo los errores. Hay una especie de “paz armada” que se espera empiece apenas haya algún indicio de corrupción desde el ejecutivo. De tal modo que la guerra llegará en medida proporcional

Cuatro. No hay oposición (todavía). Algunos han preferido esperar y otros mantienen cierta cautela. Esperar significa días, semanas, meses pero no años. Cautela significa mirar atentamente la jugada que sigue. Solo Andrés Tello tiene la oposición por derecho y Alvarado por hecho. Mufarech es oposición en medida que caiga la manzana en la cabeza y así alejarse del centro gravitacional de las peleas. Hay otros de segunda línea pero su oposición es simple lógica carnívora: comer sin pensar. Un candidato al consejo, otro a regidor y alguno a alcalde. No hay más.

Cinco. ¡El futuro es ahora! ¿Quién inventó ese slogan de “Construyendo el Futuro”? Si algo quiere la gente es el inmediatismo, el corto plazo, el proyecto ahora, el agua potable, la luz eléctrica, es decir cosas concretas. El futuro diferente solo lo puedes argumentar cuando tienes la capacidad de enarbolar una bandera y un discurso., es decir un estadista. Nelson no es precisamente un gran estadista, un conductor, un líder de masas por tanto no puede levantar promesas de un futuro diferente. ¿Ahora, construyendo el futuro con un gobierno anterior? ¿Uhm?

 Javier Iván Arenas