jueves, 4 de junio de 2015

Lo suficiente para llegar


¿Cómo lograr a un tránsito ordenado y pacífico de

 gobierno en el 2016?
Hace poco proponía que dentro de las reformas constitucionales que deberíamos discutir (por su puesto ante la reiterada evidencia de lo que viene sucediendo con este Gobierno, impregnado de improvisación, ausencia de liderazgo, mediocridad y muy probablemente contundentes casos de corrupción; pero que en poco difieren de administraciones anteriores) es la reducción del período presidencial a cuatro años, dando la opción a una sola reelección inmediata.
Sería desproporcionado alimentar esta propuesta solo por lo ocurrido en este quinquenio. Somos una democracia débil, con casi nulas instituciones y con un capital humano insuficiente en número y calidad para acometer en el aparato del Estado -en general- una aceptable gestión; ya ni me atrevo a hablar de reformas. Digamos que las excepciones (que existen) confirman la regla.
El cambio aludido permitiría oxigenar al sistema sin vapulear tanto la gobernabilidad y premiaría el éxito en el logro de resultados tangibles a favor de la población. Es en ese año adicional, el que estamos por iniciar dentro de poco, donde se muestra a todos los jugadores del partido fatigados, sin piernas, sin voluntad, con pocas esperanzas, y obligados, por ende, a buscar salidas creativas para cumplir con la formalidad de entregar (y respetar) la posta democrática quinquenal.
En concordancia con lo anterior, los siguientes 12 meses nos obligan a todos a actuar con la mayor responsabilidad posible, lo que no quiere decir impunidad ni falta de control ni ausencia de denuncia en el desfile de irregularidades que ya destacan.
Debería suponer, por ejemplo, que este “pato rengo” que es hoy la administración humalista sepa esperar de la oposición lo mínimo para llegar con el motor encendido y en marcha a julio del 2016.
Y del lado de la oposición, sobre todo de la que aspira a sentarse en el sillón de Pizarro el próximo año, a entender que hay urgencias que necesitan ser atendidas y que no pueden ser sometidas (más) a una negociación inconveniente.
Desde ese punto de vista, y en atención a las facultades solicitadas por el Gabinete Cateriano, considero que ese oxigeno mínimo que requiere esta administración está en el rubro de la reactivación de la inversión privada, eliminación de requisitos y agilización de procesos administrativos; y por otro lado, en materia de seguridad ciudadana, a fin de entregar a la ciudadanía un tanto más de evidencia de que sí se puede avanzar en materia de reducción de la criminalidad.
Como contraparte, sería indispensable que la oposición asuma la presidencia del Congreso de la República y el control de dos comisiones cruciales, Presupuesto y Fiscalización. De esa forma, la “línea de crédito” a la gestión humalista se renovaría en forma acotada pero, simultáneamente, la oposición debería estar en condiciones de controlar cualquier “exceso de salida” del Gobierno.
Es el tránsito ordenado y pacífico que quisiéramos ver en los meses siguientes hacia una nueva administración, claro está, si el sentido común y la cordura (que son bienes muy escasos en el Perú) guiaran a nuestros políticos.
Por Mario Saldaña C. (@msaldanac)
04 – Jun – 2015

Defensores de la doble moral


Sobre ciertos “campeones” anticorrupción que callan o

 justifican corrupción actual.

Ya no sorprende la reacción de los eternos defensores de la moral e incansables luchadores anticorrupción que abundan en la zurda criolla frente a los destapes de las cuentas de Nadine Heredia y sus fastuosos gastos. Basta una mirada a las carátulas y columnas de hoy para ver que en el mundo progre no pasa nada. Pocos se atreven a tocar el tema pero lo hacen para minimizar la situación comparándolo con el Apra y el fujimorismo, donde sin duda también hubo corrupción, como en cualquier régimen, pero que no vuelve santos a los demás. Sin embargo, la imagen que el progresismo quiere vender es que nada se compara con la corrupción de los anteriores gobiernos. Esto lo grafica bien la caricatura siempre puntual de Carlín a la que solo le falta el eslogan “nosotros robamos menos”.
Mención aparte merecen los esforzados mermeleros que defienden a Nadine apelando a los mismos argumentos de Alejandro Toledo: no hay nada ilegal, es dinero de amigos donantes. Así es como aquellos que escarmentan a Alan García por una frase inventada por Jaime Bayli, “la plata llega sola”, hoy se muestran incapaces de enjuiciar a la primera dama, a quien la plata y la suerte parece que le chorrean sin el menor esfuerzo. A ella, los amigos le llegan solos.
Hoy resulta que los progres, expertos en reabrir casos archivados por décadas, abominan del fiscal que se atrevió reabrir una investigación a Nadine Heredia archivada en los tiempos de los llamados “fiscales archivadores”. Los que se empeñaron en citar a toda la familia Fujimori en pleno, hoy se indignan porque la investigación incluye al hermano y la madre de Nadine Heredia. Los que inventaron el mito de las maletas llenas de oro de Fujimori, hoy no quieren hablar de los maletines repletos de dólares que el chavismo traía como valija diplomática para la campaña de Ollanta Humala. Quienes se mofan de las rifas de Keiko no se atreven a investigar los fondos oscuros de la minería ilegal o las narco-cocaleras que financiaron al nacionalismo.
Esta gentita que hoy se pasea por los medios predicando moral, hace una década no eran nadie. Surgieron a la vida pública fotografiándose con el montón de histéricos trepadores que pisoteaba el cadáver del fujimorismo, sumándose alegremente al ajusticiamiento popular del régimen, jurando que lucharon por recuperar la democracia y derrotar la corrupción. Hicieron su carrera política y mediática alimentando diariamente el antifujimorismo rabioso, convertido luego en religión progresista basada en el odio más mezquino e irracional que se recuerde. Hasta en el perfil de sus hojas de vida señalan su condición de hienas del fujimorismo, que ya es toda una especialidad del derecho y el periodismo. Han hecho tesis y libros para narrar sus proezas en su implacable lucha anticorrupción contra el fujimorismo. Pero estos defensores de la democracia y la moral hoy tartamudean, no saben cómo ocular las pruebas de la corrupción del régimen nacionalista que apoyaron con tanto candor. Desorientados, acusan a la concentración de medios, desvirtúan los reportajes y hasta se indignan por el acoso a una mujer.
Los garantes de Ollanta Humala y Nadine Heredia deberían estar hoy al frente y no escondidos mirando a otro lado. No es posible que Mario Vargas Llosa dedique sus columnas a autores exóticos mientras el gobierno que nos impuso en defensa de la moral se pudre en corrupción barata. Ahora resulta que los feroces inquisidores del ayer, que condenaban sin pruebas ni atenuantes, hoy deslegitiman las pesquisas y contraatacan recordando el pasado, convertidos en desvergonzados defensores oficiosos de la parejita presidencial. Si hay algo peor que la corrupción es esta plaga de farsantes luchadores anticorrupción, que siempre colocan sus mezquinos intereses políticos por encima de la verdad y la decencia.
Por Dante Bobadilla
04 – Jun – 2015

La vida de los otros


Una reflexión sobre el liderazgo y las características de

 los líderes

«Estoy pensando en lo que Lenin dijo de la Apassionata, de Beethoven: “Si sigo escuchándola no terminaré de hacer la revolución”. ¿Puede alguien que haya escuchado esta música, pero que la haya escuchado de verdad, continuar siendo una mala persona?». Este hermoso cuestionamiento forma parte de una conversación entre el dramaturgo Dreyman y su novia Christa-Maria, dos de los protagonistas del filme alemánLa vida de los otros (2006). Ambos ignoran, sin embargo, que aquellas palabras —al igual que el resto de su vida íntima— están siendo grabadas, a través de cables secretos y micrófonos escondidos, por un agente de la Stasi encargado de espiar a Dreyman y verificar su fidelidad al régimen comunista de la República Democrática Alemana.
No es necesario contar con cables secretos ni micrófonos escondidos para enterarse de la vida de los otros en tiempos de vídeos colgados en las redes, calificadoras de riesgos y endebles secretos bancarios. Sin sospecharlo ni buscarlo, uno puede convertirse en espía involuntario. Es cierto que las autocracias se han valido del espionaje para controlar a sus enemigos, pero la actual sobreinformación también puede convertirse en una forma de totalitarismo que pende amenazante sobre la vida privada de todos. He aquí un serio problema para quien decide cambiar la imagen que utilizó para convertirse en un personaje público o, peor aún, para hacerse con algún tipo de liderazgo. Por eso, no es inteligente sucumbir a tentaciones muy notorias cuando se funge de reivindicador de los desposeídos. Los verdaderos líderes no son aspiracionales. Los verdaderos líderes no cambian de indumentaria. A lo sumo estilizan la chaqueta, modernizan el suéter o afinan los motivos étnicos de las camisas. Si no eres de sus seguidores, es a estos a los que has de temer.
A lo largo de La vida de los otros, y conforme el agente de la Stasi va llevando a cabo su misión de espía, Dreyman, Christa-Maria y los de su entorno, irán revelándole aspectos de la vida que le habían sido totalmente ajenos hasta ese momento. La contemplación de laApassionata será sólo una entre las muchas lecciones que recibirá de quienes ignoran haberse convertido en sus maestros. El descubrimiento del goce estético será capaz de provocar una redención personal en aquel frío espía, al punto que decidirá manipular la información destinada a sus superiores para salvar a Dreyman de la represión que debía corresponderle por sus actividades de disidente.
¿Podrán los que espían a quien ayer decía representarles y hoy sucumbe a las tentaciones de un consumismo pueril, sentirse conmovidos o experimentar algún tipo de cercanía? Difícil cuando no hay nada de sobrecogedor en lo que se está observando. Nada capaz de despertar admiración o respeto. Sólo envidia. Envidia de la mala. Los delincuentes también pueden ser aspiracionales. Qué desastre. La vida de los otros luce cada día más imbécil, más materialista, menos sublime.

Por Octavio Vinces
04 – Jun – 2015

CARICATURA DEL DIA JUEVES 04 DE JUNIO


CARICATURA DEL DIA JUEVES 04 DE

 JUNIO

lunes, 1 de junio de 2015

Buen hablar y buen gobierno. El de Bolivia



Sobre la captura de Belaunde Lossio y la “venia” de 

Nadine Heredia

Varias palabritas me tumbaron esta semana. La primera fue la de la ‘venia’. Y pensé escribir sobre eso, un giro tan monárquico¡! Pero se me adelantó Federico Salazar en El Comercio, y por si fuera poco, una caricatura de Carlín: vestida de Emperatriz Nadine, rodeada de chambelanes de traje rojo con golilla virreinal. Nada de “polos rojos”, mi querido Carlos Meléndez, Lima sigue siendo Corte. La otra fue la de “no está magullado”. Comenzaré por esta.
A mí, sinceramente, del show de esta semana, me impresionó –como supongo al amable lector– la eficacia de la policía del país hermano de Bolivia, qué duda cabe, también el lenguaje de su ministro de Gobierno, Carlos Romero. Sobre el estado de salud de Belaunde, a la letra «no está herido, no está magullado, no tiene ni un rasguño que dé cuenta de que ha sido objeto de presión, violencia, o de nada que se le parezca» (LaRepública, 29.05.15). Magullar quiere decir contusionar, herir, lastimar, lesionar, lacerar, maltratar. Un alto funcionario peruano difícilmente, hoy en día, lo habría usado. Hubiera dicho: «esteeee no tiene golpes», eso en el mejor de los casos. En el peor, alguna leguleyeda, «no se le nota señales a efectos de un agravio», o algo por el estilo. Admiren, hermanos, el estilo preciso del ministro boliviano, cómo dice varias veces ‘no’. (Este es un asunto para Moisés Lemlij, Max Hernández, o Mati, porque los peruanos no podemos decir, conversando, ‘no’. O rara vez).
Ahora bien, la Corte está patas arriba. El bucanero Belaunde Lossio, que se disponía a ir al país de Sandokán, ha sido detenido por la eficaz policía de un país vecino que no tiene mar pero cuyo Soberano nada en otras aguas, las de la razón razonante, y nos ha dado una paliza legal, y déjense peruanos de bizantinismos. Sin más, a la frontera, el bulto, toma y llevátelo ya. La exquisitez de Torre Tagle y el Ministerio Público planeaban una entrega para este 12 de junio. Pero los toscos aimaras y el propio Morales entregando presos. Menos mal que tenemos un hombre fino en Palacio que acaba de declarar: «Acá en el Perú, los presidentes no vamos a recoger presos». Así se hace, Presidente Humala, todavía hay clase¡!
La ‘venia’ fue un lapsus. Gracias maestro Freud. Una voz que no viene de la lengua sino del inconsciente. Quiere decir dar permiso. “Con la venia de su Señoría”, en los juzgados. Pero Nadine Heredia no es abogada. A estos se les escapa a cada rato ciertas expresiones, “a efectos de”. A mí, personalmente, me matan. Pero la dama de la que hablamos, con todos mis respetos, no es jurista. ¿Entonces? Federico Salazar dice que ese uso equivale a potestad. Pero de nuevo me pierdo. La potestad la tiene la autoridad, el Papa, el Rey, el Presidente. O un alto funcionario estatal. Pero ella no es funcionaria. Lo de Monarquía, ¿por qué no? Es lo que quería San Martín. Pero el caso es que no somos un Reino. No somos ni Inglaterra, ni Holanda. Somos una República, o al menos eso parece que se intenta desde hace la friolera de 194 años. No lo es del todo. Muchos se creen por encima de las normas; por ejemplo, ir a una comisión del Congreso para no responder. Dicho sea de paso, qué mal la comisión y la prensa especializada, no dicen con claridad cuáles eran esos puntos que la ciudadana mencionada se negó a responder.
¿No podría venir el ministro boliviano a dar unas cuantas clases de semántica? Uno dijo que los médicos, al examinar a Belaunde Lossio, «habían determinado su estado de salud». No habían determinado nada, señor. Habían constatado, verificado, comprobado. ¡Dios del cielo! ¡Qué nivel de Pisa tienen algunos!

Por Hugo Neira    
01 – Jun – 2015

El calvario de Nadine


Sobre las nuevas acusaciones surgidas contra la

 primera dama

Después de la recaptura de Martín Belaunde Lossio y de la presentación de Nadine Heredia ante la Comisión del Congreso que investiga el caso del ex asesor, el congresista Mauricio Mulder del Apra inició una nueva batalla con el oficialismo al pedir que Heredia pase de testigo a investigada.
De una u otra manera, a Nadine parece que se le aplicará el aserto bíblico acerca de ser medido con la misma vara con que uno ha medido. En los primeros dos años de administración nacionalista, cuando la señora Heredia sobrepasaba los 60 puntos de aprobación, Sergio Tejada se convirtió en el exterminador del oficialismo y empezó una implacable persecución contra Alan García para inhabilitarlo electoralmente. Sin embargo, en ese entonces, ¿alguien imaginaba que hoy Mulder exigiría que la Primera Dama pague las facturas contraídas?
Si recordamos que durante el gobierno de Alejandro Toledo se quiso procesar a García; que en el segundo gobierno aprista igualmente se intentó arañar judicialmente a Toledo; y si nos percatamos que en el tercer gobierno democrático post Fujimori, Toledo, García y ahora la propia Nadine enfrentan diversos tipos de acusaciones, ¿no enfrentamos un paroxismo en esa tendencia a judicializar todo? ¿Qué democracia se puede construir si los políticos casi solo se dedican a acusar y a defenderse?
Los políticos peruanos parecen inclinados a disputarle el trabajo a los policías, fiscales y jueces, y lo peor es que en el sentido común se ha impuesto la idea de que un buen político es el que asume la figura del “moralizador”. Quizá en esa tendencia a judicializar la política se reedite esa antigua tradición española en la que se demonizaba al rival y luego se le empapelaba con acusaciones de herejía antes de convertirlo en chicharrón en la hoguera. Pero en algún momento esta espiral autodestructiva debería detenerse.
La función principal del político es construir consensos y pactos en función de los intereses de sus electores. A diferencia de los generales y los caudillos de la guerra que eliminan a sus oponentes en el campo de batalla, el político, sobre todo, el que actúa en democracia, está obligado a cooperar con su rival, a tratar de entenderse con él para atenuar y procesar los conflictos de intereses. Allí reside la ingeniería social de la libertad.
No hay democracia ni sociedad abierta sin políticos que construyen los puentes y caminos para entenderse con el otro. De allí que esta especie de calvario que parece esperarle a la mal llamada pareja presidencial nos evoca la enfermedad crónica que padece el sistema político y que se expresa en la judicialización de las relaciones públicas.
Quizá los políticos deberían entender que deben gastar sus mayores energías en construir gobernabilidad en una sociedad que todavía tiene a más del 20% de su población en pobreza. Y también deberían entender que los inquisidores, tarde o temprano, terminarán pagando las deudas contraídas con sus obsesiones en eliminar al rival.
La imagen de Nadine es una paradoja en sí misma. Ayer encumbrada en la cúspide más alta tratando de cortarle la cabeza a un potencial contendiente electoral. Hoy, cercada, en la más absoluta soledad, y sin saber adónde enrumbar. En todo caso, ¿quién se atreve a parar esta historia de venganzas y judicializaciones? ¡Que los fiscales hagan su trabajo y los políticos también!

Por Víctor Andrés Ponce
1 – Jun – 2015

CARATULA DEL DIA LUNES 01 DE JUNIO


CARATULA DEL DIA LUNES 01 DE JUNIO