martes, 24 de febrero de 2015

LO QUE EL NUEVO MINISTRO NO DEBE HACER



Sobre los cambios que se necesitaría realizar en la Policía Nacional

Cuando un problema serio lleva a la población a la desesperación, hay que tener mucho más cuidado con las soluciones que se proponen. Hoy, lo  que más preocupa a la población peruana es la inseguridad y la paulatina desaceleración de nuestra economía, debidos ambos, principalmente, a la acumulación de desaciertos de la gestión de Ollanta Humala y los Ministros que escogió, corresponsables políticos y funcionales del actual estado de las cosas.
Tengo confianza en la calidad intelectual, profesional y moral del nuevo Ministro del Interior, que superan largamente a su locuaz, pero vacío predecesor, y espero pueda quedarse hasta el fin de este gobierno para otorgar la continuidad necesaria de la cual adolece este gobierno. Pero las capacidades e intenciones de su jefe, el Presidente Humala, y quien por delegación conyugal imperfecta ejerce apócrifamente el poder fáctico, no me inspiran la menor confianza, por lo tanto es necesario incidir en lo que no se debe hacer, hay ¨soluciones¨ suicidas que algunos insinúan con buena intención, que sin duda agravarían la situación.
Delegación de facultades legislativas.- Un gobernante que ha demostrado limitarse al espejo retrovisor desde un ángulo castrense y que, por añadidura, ha hecho evidente, en sucesivas iniciativas legales, demasiadas semejanzas con los ejes esenciales del criminal autoritarismo bolivariano, por cuyos caudillos vivos y muertos profesa admiración, es el menos indicado para que reciba del Congreso facultades delegadas en materia de seguridad.
Como prueba de este riesgo están los intentos de desarme civil (que felizmente, gracias a la sesuda labor congresal, evolucionó hacia una lúcida legislación en la materia, aplaudida por propios y extraños) y los reiterados intentos de crear milicias populares compuestas por ronderos y comuneros o la integración acelerada de reservistas del EP (como los que paralizaron Pichanaki) a la Policía Nacional, con resultados poco auspiciosos.
Declaración de emergencia para facilitar las compras.- Dinero no falta hoy, sino capacidad de comprar bien y rápido. Darle capacidad para comprar a dedo a los mismos que hasta hoy no pudieron comprar decentemente sujetos a controles, en medio de un gobierno en el que cada semana aparece una prueba de corrupción, es pretender apagar el fuego con gasolina. Las compras por emergencia se definen como aquellas que se deben realizar por desabastecimiento inminente de un bien o servicio, lo cual acarrea, necesariamente, responsabilidad de quien no previó o no ejecutó correcta y legalmente la compra oportuna. La declaración de emergencia, colocaría la decisión en mano de los mismos que hasta hoy no pudieron o no supieron comprar bien. Lo que corresponde hacer es agilizar el proceso de adquisición y cambiar a los responsables de establecer los requerimientos, preparar las bases y gerencia del proceso. Ojo no solo a las cabezas, a todo el personal.
Sacar militares a la calle es tan sensato como hacerse operar del corazón por un odontólogo o pedirle a un traumatológico que nos repare la dentadura. Es necesario entender que si bien fueron funciones intercambiables en la época del imperio romano, hoy no lo son.

Por Dardo López-Dolz
24 – Feb – 2015

Inseguridad: ¿Dónde está el Congreso?



Incapacidad del Gobierno es oportunidad para que Legislativo se reivindique.

En esta columna hemos sostenido que es imposible contener el desborde de la delincuencia y del crimen organizado si las instituciones del Estado involucradas en el problema no se alinean bajo una sola estrategia con objetivos políticos claros. Este esfuerzo requiere de un liderazgo nacional que el actual Presidente se niega a asumir. Ante este vacío, le toca al Congreso de la República encarar el problema y ayudar a resolverlo o al menos a encaminar la solución, que pasa por un conjunto de reformas institucionales indispensables.
Lamentablemente, en todos estos años el Congreso se ha puesto de perfil ante el mayor problema del país. En vez de evadirlo debe ver la crisis de seguridad como una oportunidad para remontar la altísima desaprobación popular que enfrenta, y reivindicarse así ante la gente.
A la oposición le corresponde ir más allá de la protesta o la crítica al ministro del Interior de turno y formular alternativas para ganar la guerra con el hampa. Es imposible pedirle que sustituya al Gobierno, pero sí que impulse, por ejemplo, la creación de una comisión legislativa que convoque a expertos en la materia para actualizar los diagnósticos y lograr acuerdos políticos a favor de las reformas que se necesitan para acabar con el mal desde la raíz. Es decir, lo que este gobierno debió hacer apenas llegó al poder, el 2011.
El Congreso debió hacerlo hace tiempo, apenas el gobierno renunció a atacar los males estructurales que son caldo de cultivo de la delincuencia. Pero no es tarde para que lo haga. El objetivo es acabar con la corrupción en la policía, el Ministerio Público, el Poder Judicial, el INPE, y donde más sea necesario. El diagnóstico actualizado y los acuerdos de una comisión multipartidaria para la seguridad ciudadana allanarían el camino para que el próximo gobierno inicie de inmediato, el 2016, las reformas que derroten a la delincuencia.
Mientras tanto, el ministro del Interior Luis Pérez ha declarado que no hará reformas y tampoco resolverá la corrupción institucional diaria, que él considera “micro”, pero que es la que más sufren a los peruanos y la que ha liquidado la confianza ciudadana en la PNP. Es la coima en calles y comisarías. Después de 3.5 años de gestión de Pérez en el INPE, la corrupción “micro” sigue imperando en los penales y estos son centros de planeamiento de muchos crímenes perpetrados por asaltantes y sicarios.
“Es que no podemos tener a la mitad de la policía vigilando que la otra no coimee”, ha dicho Pérez Guadalupe. Estamos avisados, el Ejecutivo ha tirado la toalla en la pelea contra el hampa. Le toca a la oposición llenar ese vacío político. Si el gobierno no tiene una estrategia contra el crimen, y tampoco le interesa tenerla, la oposición está obligada a encarar el problema, desde el Congreso. Ya mismo.

Por Víctor Robles Sosa
24 – Feb – 2015

A PALACIO LLEGA CUALQUIERA



Reflexiones sobre el deterioro de la calidad de la clase política peruana.

Han pasado 83 años desde que Víctor Raúl Haya de la Torre dijera, en un célebre discurso en Trujillo, que “a Palacio llega cualquiera”. Sin saber –pues no tenía cómo saberlo- que su frase iba a ser profética, se puede asegurar que uno de los dramas de nuestro Perú actual es que no sólo a Palacio llega cualquiera sino también al Congreso de la República, a su presidencia, a los ministerios y a cuanto lugar público que usted pudiera imaginar.
Ese es en el fondo el drama de nuestro país. Se ha perdido el sentido del premio a una trayectoria, del reconocimiento a una forma de vivir o de formarse. Recuerdo cuando hace muchos años, en una de nuestras conversaciones de café, Alberto Borea me hablaba de la importancia que tiene en un político capacitarse para la acción pública y política. Ya antes, Don Manuel Moreyra, que sabía de economía porque dominaba la historia, me había dicho en una breve conversación que no se podía ser político si es que no se amaba al Perú como consecuencia de conocerlo, en su geografía, en sus gentes, en su historia. En estos días ambos consejos no importarían. Si alguien intenta articular una acción política o ejercer como corresponde una oposición, no leal al gobierno sino al país, lo atacarán o descalificarán.
Volviendo a otra frase del mismo Haya,  si uno quiere jugar ajedrez en la política no tenga duda que le tirarán el tablero en la cabeza. Para ser político o para querer estar en la primera línea del servicio público no se requiere estar capacitado ni amar al país pues basta con tuitear cualquier tontería, total a Palacio…llega cualquiera.
Es que nuestro sistema de prestigio está deteriorado. En el Perú de estos días la vida austera es vista como señal de ser un tonto. Se premia al “vivo”, la triquiñuela, el aprovechamiento astuto e ilícito de los recursos públicos. Si estás en problemas con la justicia pues allí tienes una postulación a la vista. Los sinvergüenzas y los personajes pintorescos o los acosados por decenas de problemas judiciales buscan en la candidatura al Congreso o a la Presidencia de la República, la tabla que los podría salvar de la cárcel. Lo más penoso de todo es que no faltará un opinólogo o un politólogo de trayectoria que, en lugar de abrirle los ojos a la gente, en actitud fiel a lo políticamente correcto, es decir a la filosofía nefasta de no querer enemistarse con nadie, convertirá en presidenciable al sinvergüenza que se presente a una lid electoral. Es constitucional dirá. Así es, no lo puedo negar, es el Perú en donde a Palacio…llega cualquiera.
Aquí se saluda el lanzamiento de aquél que haga espectáculo sin medir las consecuencias que se puedan tener para nuestro país. No se habla del deterioro generalizado que vivimos. Los presidentes con vida política comprobada, con trayectorias académicas de primer nivel son para los vecinos, no para nuestro Perú. Es así que nos solazamos en una descomposición permanente en la cual el espectáculo y el escándalo son lo que importa y no la profundidad o la solidez.
Cada cinco años nos planteamos el objetivo de querer renovar jefatura de Estado y representación política, buscando mejorarla. Cada cinco años entramos en franco deterioro. Con las excepciones del caso, de políticos de reconocida biografía, la caída no parece tener fin y lo más penoso de todo es que nos congraciamos de ello.
Por Juan Sheput
24 – Feb – 2015

viernes, 20 de febrero de 2015

Fray Martín de Porres en Palacio



Caso de espionaje abre oportunidad para tender puentes gobierno-oposición.

La denuncia del espionaje contra tres integrantes de la Marina de Guerra del Perú a favor de Chile ha logrado lo que parecía imposible: reunir al presidente Ollanta Humala, al ex presidente Álan García, al ex presidente Alejandro Toledo, a Keiko Fujimori, a Luis Castañeda y a los demás líderes políticos del país.
Es cierto que todos los problemas pendientes con Chile fueron resueltos con el fallo de la Corte Internacional de la Haya, pero también es evidente que cualquier tema de seguridad nacional con Chile, por sí solo, tiene la virtud de convocar a la unidad nacional. Aunque tampoco se puede obviar que la reestructuración del Gabinete Jara y el relevo de Daniel Urresti, Eleodoro Mayorga, Carmen Omonte y Daniel Figallo tienen mucho que ver con esta suerte de convergencia que, cualquiera diría, ha sido convocada por Fray Martín de Porres.
Lo lamentable del impulso a este cónclave es el posible espionaje de militares peruanos a favor de Chile en un momento en que las relaciones del Perú con el hermano país del sur están en inmejorable situación: las clases políticas, los militares y los empresarios de ambos países, cada día, desarrollan estrechas relaciones que harían palidecer de envidia a cualquier país integrante de la Unión Europea. De ahí que si un sector del gobierno pretendiera utilizar esta denuncia de espionaje para crear cortinas de humo y esconder otros problemas sería demasiado grave e irresponsable.
Las imágenes en las que se vió a la Jefa de Gabinete, Ana Jara, recibiendo a los líderes convocados a Palacio quizá nos revela un nuevo momento político en el país después de la reestructuración del Consejo de Ministros. Por lo pronto, este remozado Gabinete parece haber recuperado el oxígeno suficiente para seguir en la brega. Es muy difícil  imaginar ahora un movimiento a favor de su censura en el Congreso.
Con la reestructuración de sus ministros, más la convocatoria a este cónclave para informar sobre el espionaje, evidentemente, el gobierno recuperó la iniciativa política. Salvó al Gabinete Jara, colocó los temas de agenda y relegó a un segundo plano las denuncias sobre lavados de activos contra Nadine Heredia. El inusual reflejo político que se nota en Palacio debiera servir para tender auténticos puentes entre el oficialismo y la oposición, y para definir entre los actores del espacio público una agenda común que nos permita recuperar gobernabilidad y desarrollar la transición hacia el 2016 con todas las fuerzas políticas juntas. También para enfrentar la desaceleración económica y retomar los niveles de inversión privada que explican el crecimiento económico de las últimas dos décadas y la impresionante reducción de pobreza que hizo que nuestro país fuese considerado la estrella de América Latina.
De una u otra manera, Fray Martín de Porres estuvo en Palacio y logró reunir a perro, pericote y gato. No malgastemos esta oportunidad y desterremos la polarización política.
Por: Víctor Andrés Ponce
20 – Feb – 2015

Regeneración



La crisis moral es real, rampante y determina el rumbo de nuestra política.

La crisis que denunció Víctor Andrés Belaunde en 1914 se ha profundizado extendiendo sus raíces. La crisis ha ampliado sus ramificaciones a toda la sociedad peruana. Estamos hablando, más que de una crisis institucional de “reglas de juego”, según la terminología simplista del materialismo contemporáneo, de una verdadera crisis moral, ética, una crisis de valores que fundamenta lo que sucede en la superficie de la política y la economía nacional.
La crisis moral del país es la base de la crisis institucional de nuestra esfera pública. La calidad de nuestro liderazgo y la propia implementación de las políticas públicas tienen que ver con el trasfondo ético-valorativo de nuestra sociedad. La crisis es real, rampante y determina el rumbo de nuestra política. Así, los males denunciados hace más de cien años por la generación del novecientos, no solo continúan presentes, sino que se han agudizado.
Esta crisis moral es el origen auténtico de nuestro diletantismo político. Solo esta crisis ética explica la continua adhesión de nuestra sociedad a las sucesivas utopías autoritarias y/o modernizadoras que se presentan de forma regular en el escenario de nuestra política. El surgimiento de los outsiders y la volatilidad de nuestro electorado son signos visibles de un creciente relativismo.
La corrupción sistémica, la destrucción de los códigos de conducta y la ausencia de un control efectivo son consecuencia de los fallos en la dimensión ética. Un país en el que las raíces de la corrupción se han endurecido produce paradojas institucionales y problemas de gobernabilidad. Un país en el que los valores son postergados genera un Estado corrupto, un Leviatán pseudo-imparcial que sobrevive sin proyecto, sin estrategia y sin convicción, salvo para medrar.
La solución a la crisis moral no pasa solamente por el diseño de instituciones acordes a nuestra realidad. La crisis es humana y por tanto reclama un remedio personal. Los seres humanos somos nomóforos, portadores de normas, de valores, y la regeneración es, ante todo, un evento personalísimo, unametanoia política que se proyecta sobre el bien común. Las crisis del mundo son crisis de liderazgo tanto como de instituciones. Me atrevo a sostener que es más importante la calidad del liderazgo, las cualidades personales, que el diseño institucional.
Por eso, la regeneración es, ante todo, personal, valorativa, de liderazgo, e implica más que una renovación generacional, una auténtica conversión política. Así, la política de la regeneración es una política de mujeres y hombres dispuestos a interpretar la realidad asumiendo que una variable fundamental para comprender nuestros problemas pasa por nosotros mismos y por esa sedicente cobardía que impide actuar en política a los que se sienten asqueados por ella. Influir sobre la esfera pública fue, para los novecentistas, una necesidad moral. He aquí la base de todo patriotismo reformista. El estado de nuestra política, la situación actual de lo público tiene un trasfondo valorativo. No hay, por tanto, regeneración democrática sin política de valores. La metanoia tiene una dimensión pública y solo así es posible pasar del pensamiento a la acción.
Por Martín Santiváñez Vivanco
20 – Feb – 2015

No puede con su genio



Cambio ministerial desfoga tensiones, pero el presidente vuelve a las andadas

Luego que en este espacio lo dijimos hasta la saciedad, el gobierno finalmente hizo los cambios que debía hacer en el Consejo de Ministros. La composición ministerial se había desgastado demasiado y su suerte había quedado en manos de la oposición en el Congreso. El giro de timón le da un respiro a Ana Jara pues se ha pasado la página de la censura. Si bien los nuevos ministros no parecen dar la talla para el cargo, el cambio más visible es el de Luis Pérez Guadalupe a Interior. El exjefe del INPE conoce a los delincuentes tras las rejas y le toca ahora enfrentarlos en las calles; tendrá que aprender rápido sus estrategias si es que desea cumplir un buen papel al frente de una cartera tan accidentada.
El tramo que exige hoy este recambio está ahora en la oposición. Había sido una exigencia la salida de algunos ministros como Urresti, y el requisito se ha cumplido. Quiere decir que el APRA y el fujimorismo tendrán, ahora sí, que sentarse en Palacio a proponer una agenda de consenso que oxigene el último año de este gobierno. No hacerlo podría ser contraproducente para sus intereses de aquí al 2016. Por lo pronto, la elección de la Mesa Directiva será a mitad de año y, de no ocurrir alguna otra crisis tan intensa como la que parece estar desinflándose, todo apunta a que un opositor conducirá el Congreso durante la última legislatura de este quinquenio.
El que hoy preocupa, sin embargo, es el Presidente. Enfrascado en la defensa de su esposa por la investigación fiscal que ella enfrenta, ha salido a atacar a los medios que lo criticamos y a todo aquel que investiga a la señora Heredia y los dineros que, ni ella ni su familia, han sabido justificar. En una flagrante acción inconstitucional, Humala intimida al Ministerio Público y a la prensa independiente que busca el origen del dinero que la familia Heredia utilizó para compras inmobiliarias y financiamientos que hasta hoy no cuadran. El hábeas corpus presentado por la defensa de Heredia debería tener como suerte la corrección del atestado fiscal que determine, ahora sí, una nueva investigación a su patrimonio pues la realizada años atrás estuvo mal hecha y no cruzó toda la documentación; además que hoy se sabe que tendría otras fuentes de financiamiento y otros usos no reportados. Si hay tanto susto en el Presidente y su esposa por las pesquisas, mal hacen en atacar a quienes solo piden una investigación prolija e imparcial. No vaya el Presidente a cometer el error de mimetizarse con Urresti.
Nota aparte es el lanzamiento oficioso de Daniel Urresti como precandidato humalista. Su salida de Interior se da con un 45% de aprobación popular y ese es un capital que el gobierno intentará guardar intacto para la campaña que se viene. Fue la propia presidenta del nacionalismo, la señora Heredia, quien sin mencionarlo anunció que su partido tendrá candidato en las próximas elecciones. El siguiente acto fue un desaforado Urresti mordiendo las yugulares de García y Keiko, tras su discurso de despedida del cargo que deja sin mayores resultados visibles a la vista; salvo el efectismo mediático que le imprimió a su labor de Ministro del Interior. Lo otro fue una aparición muy bien planificada en San Cosme donde, secundado por una portátil y salpicado de picapica, el exministro deshojaba margaritas de campaña frente a una algarabía que pedía su candidatura. Ojo con Urresti que puede dar pelea, hoy con la libertad de ya no estar atado al fajín. Carga, sin embargo, varios pasivos que serán aprovechados por sus enemigos: su proceso por la muerte del periodista Bustíos, el muerto en Pichanaki y la contratación de su hija en la PCM.
Por Jaime Chincha R.
20 – Feb – 2015

CARICATURA DEL DIA



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