martes, 26 de mayo de 2015

¿Ha dicho usted enemigos?


Es creencia peruana reciente resolver los problemas

 políticos sin políticos

Pasan en nuestro país cosas tremendas, y la opinión es variada, como es natural. Suelo seguirla, por deber y placer, y también, lo confieso, por una gran curiosidad. Un escrito, pese a ser  personal, revela a veces una tendencia, unas creencias, es decir, “actitudes proposicionales que afirman algo, sea verdad o falso lo que afirman”. Eso es solo aceptable en materia de religión. Pero la creencia es inaceptable cuando se traslada a la vida social, a la cultura, a cuestiones de Estado, porque no acude ni a la prueba ni a la realidad. He leído un artículo que me intriga y que voy a comentar. De Franco Giuffra, empresario, “¿Quién es el enemigo?” (El Comercio, 21.05.15). Trata de los temas de defensa nacional y seguridad interna. Considera que hay que plantearse la cuestión de “cómo nos organizamos”. Hasta ahí, me parecía sensato. Pero luego se pregunta si los militares marinos y aviadores, “¿no se les puede entrenar?”.
Y desde ahí mis reservas. Cierto, usted ha sentido, señor Giuffra, como muchos, que abajo, en las bases, hay un vacío. Y eso lo llenan diversos actores, etnocaceristas, agitadores, etc. Y que faltan agentes políticos del Estado. Y propone policía y militares en esa tarea. Pero, ¿quiere usted partidizar las fuerzas armadas? ¿No sabe usted que las FF AA no pueden ser ni nacionalistas, apristas, keikistas o pepekausistas o lo que se tercie ? No señor. ¿Por qué? Porque sirven al Estado, a la nación y no a un gobierno. Por lo demás, lo que pide ya se ha hecho, en Cuba con Castro, en Venezuela. El mejor ejemplo de militares politizados es la Alemania de Hitler.
Y una discrepancia de fondo. Su artículo se titula «¿Quién es el enemigo?» Mire, en política, no hay enemigos. Lo que se tiene son rivales. No es guerra. En ella, el enemigo te mata o lo matas. ¿Y qué es un rival? Todos los tenemos, en negocios, en el amor, en el deporte. ¿Practica algún juego? Si se sienta en un tablero de ajedrez, o en una mesa de póquer, tiene rivales. No los mata, los vence o acepta la derrota. Fair play llaman los ingleses que inventaron deportes y el Parlamento. Entonces ¿qué hay que hacer? Eso que a usted no le gusta, y a muchos peruanos. Hacer política. ¿Y sabe qué es política? “Es la gestión pacífica de los conflictos”. No es concepto mío. Es la Academia.
Es creencia peruana resolver los problemas políticos sin políticos. Es reciente, no siempre ha sido así. Ha habido propuestas adaptables a nuestra realidad. Usted nota que faltan agentes, operadores. Pero eso lo sintió Belaunde Terry y creó Cooperación Popular,  voluntarios que fueron a los pueblos andinos. Luego, VR que cumple 50 años, envió a gente a vivir al campo. Y la izquierda ganó en elecciones locales e introdujo reformas. Fujimori fue él mismo a las bases, en helicóptero. Haya tuvo su famoso Buró de Conjunciones. Velasco tuvo Sinamos. ¿Y qué es todo eso? Aparatos. Sucedáneos de partidos. No tarea ni de ministerios ni de fuerzas armadas o policiales.
Pero tuvimos crecimiento, y el que menos ha pensado, al diablo la política. Y poco o nada ha vinculado la base con los centros de decisión en los últimos veinte años. Desde Toledo a Humala, sin partido ni aparato. De gente que viva abajo, en las aldeas, y discuta con los adversarios. De lo contrario, surgen otros. La naturaleza detesta el vacío decía Newton. Y la política también. Deje de pensar en el costo/beneficio. Sinamos tuvo unos 5000 agentes políticos. Eso sería muy caro, sin duda. Pero más caro es perder los posibles 30 mil millones de inversiones mineras. El Perú tiene que inventar sus propias soluciones. Y si no, Santos, el cura Arana o algún improvisado, tarde o temprano, se sentará en la Silla.
Posdata: escrito antes de la desaparición de Belaunde Lossio
Por  Hugo Neira
26 – May – 2015

¡Qué fácil es todo para Martín!


Sobre la fuga en Bolivia del empresario y ex hombre de

 confianza de la pareja presidencial

Es imposible dejar de ser suspicaz respecto a la fuga en Bolivia del empresario Martín Belaunde Lossio. Hay demasiados hechos que invitan a la suspicacia sobre la actuación del gobierno en este escándalo de corrupción que salpica directamente a la pareja presidencial. Tantos que no tengo dudas de que el próximo gobierno investigará a fondo lo que ha ocurrido en este caso.
Un hecho clave es el extraño silencio e inacción del gobierno cuando, el 20 de abril, el ministro de Gobierno boliviano, Hugo Moldiz, les sugirió públicamente a las autoridades del Perú que pidieran que Belaúnde Lossio sea encarcelado para evitar cualquier riesgo de fuga.
Estas fueron las palabras de Moldiz: “Ojalá que la justicia peruana pida a su similar de Bolivia la revocatoria de la detención domiciliaria y la detención preventiva en un recinto penitenciario… debería ser recluido en un penal, que es donde mejor va a estar hasta el día en que tenga que irse, porque siempre hay la posibilidad de la fuga”.
El 18 de marzo, el Canciller boliviano, David  Choquehuanca, declaró que “si el Perú desea que Belaúnde Lossio sea expulsado del territorio boliviano, debe retirar el mencionado pedido” de extradición que estaba en trámite. Y otra vez el gobierno se cruzó de brazos, como si quisiera que el prófugo solo sea procesado por el caso “La Centralita”, planteado en el pedido de extradición, y no por las otras acusaciones más graves que pesan en su contra, como por ejemplo, haberle hecho pagos supuestamente ilegales a señora Nadine Heredia.
Tampoco se ha esclarecido cómo pudo Belaúnde Lossio burlar el cerco policial y fugarse a Bolivia cruzando fácilmente los controles migratorios peruanos y bolivianos. Ni cómo el procurador del caso pudo enviar primero un pedido de extradición por un delito no contemplado por las leyes bolivianas, como si alguien hubiese querido ganar tiempo a favor del supuestamente perseguido.
La suma de todos estos hechos levanta enormes sombras de duda sobre la actuación del gobierno. Todo ha sido demasiado fácil para Belaúnde Lossio. Pero junto con las sospechas surge la necesidad de reflexionar sobre las lecciones que nos deja el escándalo Belaunde Lossio. La primera es que la corrupción atraviesa transversalmente nuestro estado, salvo algunas excepciones. ¿Qué otra explicación puede darse a la facilidad con que Belaúnde Lossio se libró del acoso policial y cruzó la frontera sin problemas? ¿Cómo explicar la lentitud y dejadez en los trámites de extradición y, sobre todo, la negativa a pedir la prisión preventiva para el prófugo?
La segunda lección es que la impunidad se ha convertido en una institución del statu quo político actual, porque no es solamente Martín Belaúnde libre, sino también Alejandro Toledo y su sobrino violador libres, Alexis Humala libre, José León libre, Omar Chehade libre, y paro de contar porque sino no termino nunca.
¿Acaso esta impunidad que viene desde arriba no alimenta y alienta la otra impunidad que tienen hoy los sicarios, ladrones, asaltantes, extorsionadores, secuestradores, y demás especies del hampa? ¿Si los hombres encumbrados que debieran ser referentes de moral y civismo resultan encubridores o actores del delito, qué podemos esperar de sus subordinados policías, agentes penitenciarios, fiscales, jueces, funcionarios públicos, alcaldes, regidores, etc.?
La descomposición moral de nuestra sociedad es el más grave problema que tenemos hoy en día, y su raíz está en la impunidad  institucionalizada en el estado. Y sin embargo, este tema está ausente en las agendas de los partidos políticos. Ya es hora de abrir un gran debate: ¿Qué hacemos con nuestro sistema de justicia, con la policía, el sistema penitenciario, los funcionarios públicos corruptos? ¿Acaso podremos alcanzar el desarrollo cargando tan pesados lastres?.
Por Víctor Robles Sosa
26 – May – 2015

De las lentejas al menestrón



Es obvio que hay responsabilidad del gobierno en fuga

 de Belaúnde Lossio

Luego de la epidemia de buena fe que sacudiera a toda la clase política, en la que creyeron a pie juntillas en todo lo que decía el gobierno, los hechos del último fin de semana los ha vuelto a la realidad. Sicariato desenfrenado, extorsiones a negocios de toda índole, muertes de inocentes en protestas, robos en los programas sociales, ministros descoordinados, gobernantes escondidos y, como colofón perfecto para el estado de descomposición que se vive, la fuga de Martín Belaúnde Lossio del lugar donde estaba bajo arresto domiciliario.
Es obvio que hay responsabilidad del gobierno en todo esto, pero también hay responsabilidad de la oposición. No hubo ningún tipo de exigencia cuando, por ejemplo, el ministro de justicia Gustavo Adrianzén decía que confiaba en la seguridad boliviana o cuando el cada vez más cuestionable procurador Joel Segura decía que no viajaba al país altiplánico porque la burocracia demoraba en comprar los pasajes. Y decían todo esto con el silencio del premier Pedro Cateriano, a sabiendas que Martín Belaúnde declaraba que de ninguna manera regresaría al Perú y que estaba pensando en un tercer país para refugiarse.
Las lentejas de Arequipa palidecen ante este menestrón gubernamental de varios miles de millones de soles en negocios en el aparato público, central, regional y municipal del cual se acusa al otrora empleador de la esposa del presidente Humala. Todo parece indicar que el terror de la pareja presidencial a que hable su amigo Martín Belaúnde Lossio ha llevado a que, desde el gobierno, se haga todo lo posible para impedir su retorno. Desde el momento en que nos enteramos que se había fugado, por una delación del entonces Fiscal Carlos Ramos Heredia, hasta que se haya hecho oídos sordos, una y otra vez, a las sugerencias bolivianas para que el Perú decida por la expulsión, para evitar la compleja extradición,  o que el Perú pida detención para MBL en una prisión en lugar de la residencia en que estaba, cosa que tampoco hizo hay una secuela de eventos y decisiones indignantes. Hay más de un asunto concreto que apunta directamente a que el gobierno ha hecho todos sus esfuerzos para lograr que se cumpla este escenario: el de la fuga de Martín Belaúnde Lossio. Desde el momento en que se nombró a ministros manejables en las carteras de Justicia y Relaciones Exteriores se podía inferir este resultado. Como ha recordado IDL Radio, ya desde el 6 de abril se podía deducir la situación de fuga que hoy padecemos.
En ese sentido es patético que el presidente Humala y su esposa, tan elocuentes por asuntos menores, no se pronuncien ante un hecho tan indignante. Sin embargo la escandalosa fuga ya no es responsabilidad únicamente de ellos sino del grupo de funcionarios de todo nivel que se ha prestado a esta comedia de distracción cuyo único objetivo era facilitar la desaparición del amigo íntimo de la pareja presidencial. Que no sorprenda que, en aras del libreto que ya conocemos, algún escándalo se destape en estos días. Fieles a nuestra memoria cortoplacista, esto serviría para que olvidemos el más grande escándalo de este gobierno, que compromete cada vez más a la “pareja presidencial”.
Por Juan Sheput
26 – May – 2015

CARICATURA DEL DIA MARTES 26 DE MAYO


CARICATURA DEL DIA MARTES 26 DE 

MAYO

viernes, 22 de mayo de 2015









SE VIENE EL MAR HUMANO NARANJA  FUJIMORAZO


YA ES MOMENTO DE AMPLIFICAR Y ENSANCHAR LAS


 CALLES, BASTA DE ABUSOS , DE ATROPELLOS, DE IR


 MATANDO A GOTAS AL MEJOR PRESIDENTE QUE


 TUVO EL PERÚ, LOS PERUANOS NO PODEMOS SER


 INDIFERENTES .

Bumerán Chávez



Quienes iban a Caracas con la mano al frente tiemblan

 hoy por libro de Emili Blanco

Emili Blasco, periodista catalán, corresponsal del ABC de España en Washington, acaba de publicar “Bumerán Chávez”, un estupendo libro en el que se desvela los diversos fraudes políticos que ha promovido el chavismo a lo largo de su historia. Blasco, uno de los grandes expertos en chavismo, ha sido perseguido por los esbirros de Caracas y se ha transformado en un enemigo terrible para esa lacra autoritaria que tiene sus adeptos entre la izquierda peruana. Nuestros progres no elevan la voz ni un decibel para denunciar la dictadura a la que Blasco se enfrenta con valentía en su escrito. Porque para el fariseísmo político solo importan los derechos humanos de ciertos grupos, no los de la mayoría.
En “Bumeran Chávez”, el corresponsal de ABC narra los testimonios más importantes de numerosas personas que estuvieron en el corazón del poder chavista y que, al finalizar la era del caudillo populista, ante la amenaza real de las rivalidades internas, decidieron huir del país y acogerse a la protección de los Estados Unidos para “encausar a peces mayores”. El libro también incluye el testimonio de personas que, aunque establecieron contacto con las autoridades estadounidenses, continúan en Caracas. La obra de Blasco es un testimonio fundamental para comprender la cleptocracia chavista, un imperialismo tropical que extendió sus redes por todo el continente. Ciertamente, denunciar sus excesos autoritarios y criminales tiene un precio alto, porque cuenta hasta el día de hoy con el apoyo de amplios sectores de la izquierda continental, falanges que hasta hace muy poco peregrinaban a Caracas con la misma unción con que acudían a La Habana en el pasado. Por eso es doblemente loable el esfuerzo de Blasco, porque denota un compromiso verdadero con la historia latina y porque se enfrenta a un Leviatán aún poderoso, todavía en actividad, un cuerpo enfermo que lanza manotazos cuando se descubre que sus gerifaltes tienen conexión con el narcotráfico de la peor ralea.
Este es el régimen que ha financiado a la izquierda iberoamericana durante la última década. A la izquierda radical y a la izquierda “moderna y socialdemócrata”. Caracas ha sido el banco de nuestra progresía y su dinero ha financiado aventuras electorales, radicalismos peligrosos y exabruptos ideológicos. El bumerán de su dinero e ideología fue lanzado en su momento a todo el planeta. Así, impulsado por el vil metal, el socialismo del siglo XXI se transformó en el muñidor del neo-castrismo amparándose en la clásica verborrea populista latina. Este bumerán, hoy, está a punto de estrellarse en el rostro de los que se apoyaron en él para surgir a la vida pública. Supongo que todos los deudores del chavismo, esos satélites que peregrinaban a Caracas con una mano al frente prestos a recibir el cheque del comandante, tienen que estar temblando ante las revelaciones del libro de Blasco. Tarde o temprano todo sale a la luz y la conexión chavista tiene ramificaciones capaces de liquidar el pernicioso fariseísmo político de aquellos que se presentaron como los salvadores de la República mientras eran financiados por un narco-Estado tropical.

Por Martín Santiváñez Vivanco
22 – May -. 2015