martes, 30 de junio de 2015

Conspiración contra los comandos


Sobre el fallo de la Corte IDH contra los comandos de

 Chavin de Huantar.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) ha fallado otra vez contra el Perú y contra los militares integrantes del Comando Chavin de Huantar. Esta vez, sin embargo, al leer la sentencia, se trasluce que estamos al parecer ante una conspiración contra los comandos que rescataron a los rehenes en la residencia del embajador japonés.
La Corte IDH ha sentenciado que el terrorista del MRTA Eduardo Cruz Sánchez fue presuntamente asesinado de un tiro en la cabeza cuando estaba “bajo custodia del estado”, es decir de la fuerza que recuperó la residencia nipona, el 22 de abril de 1997, y rescató a 71 rehenes que ese grupo terrorista había secuestrado el 16 de diciembre de 1996.
¿En que se basa la Corte de San José para fallar de esa manera? El fallo lo dice: en dos sentencias emitidas por la Tercera Sala Penal Especial Liquidadora de la Corte Superior de Justicia de Lima y por la Sala Penal Transitoria de la Corte Suprema, las cuales concluyen que el terrorista “fue muerto luego de ser detenido”.
La Corte IDH repite una parte del fallo de la Sala Penal Transitoria de la Corte Suprema que sostiene que “[…] esa ejecución extrajudicial fue un crimen aislado, que no formó parte de la operación y de los planes elaborados en las instancias superiores”.
La sentencia de esa corte internacional nos revela que los responsables de la sentencia que hoy nos indigna son los operadores políticos de la izquierda enquistados en el estado, en particular el sistema de justicia.
Los jueces peruanos basaron su fallo en un peritaje parcializado de la ONG Aprodeh y en los testigos de ésta, soslayando los peritajes de tres reputados médicos legistas europeos y los testimonios de todos los comandos y de 70 ex rehenes que desmintieron al japonés Hidetaka Ogura, quien se jacta de su foto gigante al lado de Fidel Castro.
Los peritos europeos probaron que “Tito” murió en combate, de dos tiros; no de un tiro de ejecución en la cabeza, como sostiene Aprodeh. Y sin embargo, los jueces prefirieron el peritaje de Aprodeh, hecho por un antropólogo de izquierda.
¿Por qué los jueces le creyeron al japonés Hidetaka Ogura y no a los otros 70 ex rehenes que lo desmienten? ¿Por qué le creyeron a dos policías del SIN que se contradicen: uno dice que Tito era alto y delgado y el otro que era gordo y bajo? ¿Por qué no les creen a los comandos cuando dicen que todos los terroristas murieron en combate, y sí a los abogados del terrorista?
Por si fuera poco, los operadores políticos izquierdistas en el Sector Justicia se encargaron de que los peritajes a favor de los comandos no llegasen nunca a la Comisión Interamericana de DDHH ni a la Corte IDH. Los hechos reseñados parecen configurar una clara conspiración contra los comandos.
Pero el telón de fondo de este escándalo es la ausencia de una política de estado de defensa del Perú ante las acusaciones de los grupos terroristas y ciertas ONG que se han propuesto criminalizar la lucha contra el terrorismo. Porque si uno analiza las acusaciones que llegan a esas instancias internacionales, todas buscan victimizar a los terroristas.
Desde el 2000, la política que ha prevalecido en los gobiernos – excepto algunos ministros- ha sido de allanamiento sistemático ante las denuncias a favor de los terroristas. Esto explica que la “defensa” de los comandos haya sido una pantomima, como lo revela el fallo de la Corte IDH. Del actual gobierno no podemos esperar nada, pero los líderes demócratas que postulan a la presidencia deben cambiar esta injusticia.
Igual que hoy inventa relatos hoy para impedir las inversiones en recursos naturales, la izquierda ha falseado la verdad de la guerra con el terrorismo para “demostrar” que ella tenía razón en los 80 y 90, cuando decía que el estado debía negociar con los grupos terroristas y acusaba de “genocidas” y “violadores de DDHH” a las fuerzas del orden.
Los operadores de esa izquierda en el estado ha conseguido que los comandos vuelvan a ser citados a los tribunales, que la operación de rescate quede manchada y que el estado repare otra vez la memoria de un terrorista, esta vez “Tito”, el asesino del vocal supremo Carlos Giusti y el que hirió de gravedad a los vocales Hugo Sivina, Luis Serpa y Mario Urrelo, con una ráfaga de metralla, cuando estaban tendidos e inermes en el suelo, según los testimonios de ex rehenes. Esa es la izquierda.
Por Víctor Robles Sosa
30 – Jun – 2015

jueves, 25 de junio de 2015

EQUIPO POLITICO PROVINCIAL DE HUAURA


Región Lima: la fresa, ¿milagro o revolución agrícola?



Región Lima: la fresa, ¿milagro o revolución agrícola?

El agro vuelve a capitalizarse. En la mitología griega la fresa era un símbolo para Venus, la diosa del amor. Probablemente la fresa sea uno de los símbolos –junto al durazno, la palta y la chirimoya- de la capitalización del agro en la región Lima. Lejos de la mitología acaso la producción de la fresa lleva la vanguardia de un posible milagro o una revolución de la agricultura. Una revolución silenciosa si se quiere.

Y como casi todo, ese milagro o revolución proviene desde la inventiva individual. Los campesinos -o pequeños y medianos empresarios para decirlo mejor- han demostrado que siguen llevando la batuta del desarrollo sin complejos y sin ataduras de un estado que ha desaparecido. Porque hay que decirlo claro, no le han pedido un sol al estado.

Esta revolución silenciosa en el agro borra varios mitos que existen en la agricultura. El primero de ellos sea quizá que José Carlos Mariátegui en su diagnóstico sobre que el “problema del indio” era la tierra estaba equivocado. El desarrollo de los últimos diez años de la fresa lo demuestra. Del 100% de las 2 mil hectáreas en producción  en la provincia de Huaura solo el 10% son realizados por propietarios. El 90% se encuentra en “arriendo”. Ese es un cambio sin precedentes. El relato que el desarrollo está amarrado casi siempre con la titularidad del campo ha tenido una extraña advertencia. Haya de la Torre, casi siempre genial, dijo que el problema no era la “tenencia” sino el “agua”. No se equivocó. Casi todas las hectáreas de fresa están sujetas todavía al riego por gravedad perdiendo “productividad”, base clave de la competitividad.  

La fresa ha creado además un círculo virtuoso de la economía. El jornal por ejemplo ha mejorado. Se llega a pagar hasta siete soles la hora en los momentos de mayor cosecha. La mano de obra ha tenido que migrar desde las serranías de Ancash o Huánuco para poder cubrir la demanda laboral. En algunos casos incluso esa “mano de obra” ha tenido un cambio cualitativamente superior, es decir se ha “calificado”. Los “arriendos” han crecido tres veces más su valor. Hasta hace unos años la hectárea por mes estaba en 3 mil nuevos soles, ahora incluso llega hasta 8 mil. El “arriendo” de campaña por año llega a pasar los 90 mil soles en tierras “vírgenes” es decir con mejor productividad. Las ventas de insecticidas, pesticidas y nitrato se han incrementado con el uso intensivo. El piso de financiamiento a través créditos de las cajas rurales y bancos  también ha sido afectado positivamente, incluso la tasa de interés ha bajado y los préstamos no se hacen por la propiedad sino por el alquiler. Además de ellos cinco empresas intermediarias han llegado mejorando la oferta de precios en beneficio del productor sobre todo en los meses de setiembre a enero.  ¿Acaso no es eso un milagro o una revolución?

Sin embargo, como en todo, hay el lado “b” del asunto. Nuestra exportación no es ni el 0,5% de la producción mundial. La demanda aumenta y la oferta es poco competitiva. Solo para equilibrar en algo esa balanza de déficit necesitamos que 3 mil hectáreas entren en producción en los próximos dos años y llegar así a un mínimo de 5 mil hectáreas. Para mejorar la productividad y la competitividad del agro –y de la fresa- necesitamos de una alianza entre el mercado, los productores y –cómo no- el estado. ¿cómo lo hacemos?

Lo primero es mejorar la oferta exportable. La cadena necesita de más valor. El agua es fundamental en eso por eso se necesita un cambio del riego por gravedad a riego tecnificado, eso haría mejorar el precio. Lo segundo es mejorar el mercado. Lima paga 2 soles por kilo y en el sur se paga 4. Lo tercero es mejorar la productividad a través de una gestión moderna de la cosecha. El cuarto punto es innovación. Toda la investigación de la fresa se realiza en California, Estados Unidos ¿Por qué no pensamos en un instituto o universidad que utilice la ciencia y la tecnología con la fresa si tenemos cuatro universidades entre públicas y privadas? El quinto punto ¿por qué el Gobierno Regional no impulsa un propio Programa de Competitividad Regional para los “berries” (arándano, fresa, moras) que tanto valor tienen en el mercado?

El desarrollo casi siempre empieza con la decisión, con la política. El milagro de la fresa proviene desde el propio campesino –empresario- que, como dijimos, no le pide nada al estado, pero es hora de que el estado haga una “alianza” para hacer que la política sea práctica, que la política le sirva a la gente.
Javier Iván Arenas

Educación: ¿Mercado o estado?


Sobre el Observatorio Ponte en Carrera creado a

 iniciativa del IPAE

Mientras se vislumbra una nueva crisis institucional en la universidad peruana, como consecuencia de la concepción estatista y la aplicación autoritaria de la nueva Ley Universitaria, en medio de ese túnel oscuro se asoma una luz desde el seno mismo de la sociedad para iluminar el camino que debiera seguir nuestra educación superior ante lo que parece ser un nuevo fracaso del Estado
Nos referimos al Observatorio Ponte en Carrera, que ha nacido por iniciativa del Instituto Peruano de Administración de Empresas (IPAE) y de Acción Empresarial, que han conseguido el apoyo del Ministerio de Educación y del Ministerio de Trabajo, con el propósito de mejorar la calidad de la educación superior técnica y universitaria a través de los mecanismos del mercado, en este caso el acceso libre a la información.
Ponte en Carrera, presentado en la reciente Conferencia Anual de Ejecutivos (CADE) por la Educación, se propone informar a los padres de familia y a los jóvenes estudiantes de secundaria cuales son las carreras más demandadas por el mercado laboral, sus niveles remunerativos y cuales son las instituciones educativas que brindan la mejor formación. En un inicio la información se brindará por cada carrera y posteriormente por cada institución.
Pone en Carrera será una herramienta muy importante para mejorar la educación peruana porque, además, generará una competencia sana entre las instituciones educativas por cual ofrece los mejores servicios y se ubica así en los primeros lugares de un ranking nacional de calidad educativa. Por cierto, aquellos que pierdan en esa competencia y queden relegados en los últimos lugares de la clasificación quedarán fuera del mercado por decisión de los usuarios y no del Estado.
La iniciativa también es importante porque ayudará a conectar las necesidades del mercado laboral con la oferta educativa superior, de tal manera que los institutos técnicos superiores y las universidades puedan proveer a las empresas del personal calificado que éstas necesitan para ser más competitivas en el exigente mercado global.
Una de las consecuencias negativas de la mala calidad de nuestra educación es el déficit de profesionales y técnicos calificados. La escasez es tal que muchas empresas peruanas, para poder competir, se ven obligadas a traer ese personal de otros países.
El Ministerio de Educación se apunta un nuevo logro para su gestión al apoyar el Observatorio Ponte en Carrera, tal vez tan importante como el haber retomado la meritocracia como eje de la reforma de la educación pública. Para redondear una gestión exitosa, le faltaría ahora  extender la iniciativa de IPAE hacia la Educación Básica y renunciar a su empeño de liquidar el Sistema Nacional de Evaluación y Acreditación de la Calidad Educativa (SINEACE).
Desde este portal hemos insistido en que la mejor manera de hacer cumplir los estándares de calidad educativa establecidos por la ley no es con un mayor intervencionismo estatal, como cree el MINEDU, sino activando los mecanismos del mercado, como lo acaba de iniciar IPAE.
Las escuelas, institutos y universidades no van a mejorar su gestión ni los servicios que brindan porque el Estado interviene en ellos. Ese esquema ya fracasó dejándonos las pésimas escuelas y universidades públicas que tenemos, y también empeoró las universidades privadas en las que metió la mano en los años 70.
Gracias a la propuesta de IPAE, el mercado, es decir los ciudadanos, estarán pronto bien informados de cuáles son los colegios, institutos y universidades que garantizan una buena educación y echarán del mercado a los que no brinden esa garantía. El Estado tiene que aprender de esta lección.
25 – Jun – 2015

El 911


Cuando la eficiencia genera confianza, ésta genera

 credibilidad en el sistema

Cuando el ciudadano común norteamericano tiene alguna emergencia –de cualquier tipo- no tiene duda alguna y marca el número 911. Desde su celular o desde el fijo. Pero lo hace. En la seguridad de que detrás de ese número encontrará una repuesta inmediata a su emergencia.
Se trata de una línea siempre accesible. Sin esperas ni dilaciones. Atendida por personal que sabe qué hacer ante la emergencia y que de inmediato, entonces, activará todo el aparato que el Estado pone a disposición de sus ciudadanos para solucionar con eficiencia la  emergencia que se presente.
Notemos el valor simbólico e icónico de este número. Pues concentra todas las virtudes de un sistema capaz de estar allí cuando el ciudadano lo demanda.
Si se trata de un problema de salud el ciudadano no solo será atendido prontamente. Sino que está seguro de que el auxilio requerido llegará con la prontitud racional esperada, está seguro de que el paramédico que llegará tiene una idoneidad técnica calificada, está seguro de que será trasladado en una unidad debidamente equipada dotada de insumos médicos certificados. Y está seguro –en fin- de que la logística humana y no humana está puesta a su disposición y exenta de toda contaminación de ineficiencia.
El 911 es, entonces, el símbolo y el ícono de la eficiencia del Estado para el ciudadano común. De una eficiencia que atraviesa el sistema en su conjunto. Pues es expresión no solo del sector salud –en el caso del ejemplo- sino del sector educativo, del sector seguridad y de la capacidad de gestión administrativa del Estado.
El 911 es símbolo, pues, de eficiencia. Y la eficiencia genera confianza. Y la confianza genera credibilidad en el sistema. En el imaginario colectivo del americano promedio cada llamada a este número visibiliza e invisibiliza a la vez que el sistema fluye. Funciona. Porque hay una Autoridad responsable subyacente.
No hay necesidad aquí de hacer odiosas comparaciones con nuestra realidad. Basta con que usted pregunte a la gente que lo rodea a qué número llamar en caso de una emergencia. Pocos sabrán decirlo con exactitud. Los más dudarán de la idoneidad y eficiencia sistémicas que atenderían la emergencia. Ante ella, cundirá más bien el desconcierto inicial sobre qué hacer y el individuo atomizado optará entonces por una decisión personalísima, individualísima y muchas veces irracional.
Lo que queremos subrayar es que la credibilidad de los ciudadanos respecto a su Estado se basa en la confianza, no entendida por cierto como favor o circunstancia, sino como praxis sistémica. Y la confianza, a su vez, se gana con la eficiencia. No hay otra.
La debilidad de nuestras instituciones, la falta de idoneidad profesional y técnica, la improvisación permanente, el aventurerismo político, los antis casi enfermizos, la ausencia de liderazgo y autoridad han roto cualquier atisbo de eficiencia por parte del Estado. Se ha desplomado la confianza y se está destruyendo peligrosa -pero lógicamente- cualquier tipo de credibilidad en el sistema. Quien pretenda restituir esta credibilidad indispensable para la convivencia civilizada deberá proponerle al país soluciones concretas y eficientes, capaces de restituir el pacto de confianza que se ha roto.
Tal vez Al Qaeda eligió la fecha 11 de setiembre (el 911) –a través del atentado a las Torres Gemelas de Nueva York- para erosionar precisamente lo que este número simboliza: eficiencia, confianza y credibilidad. La respuesta inmediata y mediata al atentado más bien ha hecho fortalecer el profundo valor simbólico de un número. El 911. ¿Seremos capaces nosotros de sacar alguna conclusión de esto?

Por Eduardo Zapata Saldaña
25 – Jun – 2015

La soledad de la pareja presidencial


Sobre la orfandad de Ollanta Humala y Nadine Heredia

 en materia de asesores políticos

La falta de asesores políticos ha sido una de las grandes fallas del entorno presidencial desde el inicio del gobierno. Más de una vez nos hemos preguntado dónde están y quiénes son los asesores que permiten que la pareja presidencial se maneje públicamente tan mal. Y hoy la pregunta se repite al ver la estrategia usada por Nadine Heredia para enfrentar las acusaciones de corrupción. ¿Quién le ha hecho creer que la mejor estrategia es el uso del habeas corpus para impedir ser investigada? Es que nadie le ha explicado que, como estrategia legal, impedir una investigación pueda resultar eficaz, como en el caso de Alan García, pero políticamente no hace más que gritar su temor a ser investigada.
Al parecer Nadine Heredia no se ha dado cuenta de que si lo que quiere es hacer una carrera política, su estrategia está equivocada. La percepción ciudadana la tiene hoy como la política más corrupta, incluso por encima de Alan García y Alejandro Toledo. Y espérense que Marcelo Odebrecht todavía no ha hablado.
Ollanta Humala llegó al poder enarbolando la bandera de la honestidad, la decencia y las credenciales democráticas, y para ello utilizó una estrategia de enfrentamiento abierto contra el aprismo y el fujimorismo. Dinamitó el diálogo político que más de un premier trató de sostener con la oposición, cuando más necesitaba de esos votos. La pareja presidencial hizo oídos sordos a todos aquellos que le advirtieron que la política es un arte, el arte de lo posible, y que para ser exitoso en política se debe negociar con las otras fuerzas y buscar consensos. Y es que el Comandante Humala no logró entender que una cosa es ganar una elección y otra muy distinta gobernar en democracia.
La pareja presidencial son un par de aventureros que llegaron al poder impulsados por los odios y rencores personales de un marqués libertario que impresionó al mundo al jugársela por un líder nacionalista. Más aún, cuando se comenzó a destapar las malas artes de la pareja y su entorno, el marqués seguió sosteniendo que Nadine era una gran política y que había llegado el momento de que una mujer fuera Presidenta del Perú. Al Marqués no se le oyó decir nada cuando saltó lo de López Meneses o lo de Martín Belaunde Lossio. Y claro, ahora uno entiende que estaba un tanto ocupadillo.
El problema es que los peruanos, siguiendo sus recomendaciones, decidieron que sí pues, que si el Marqués daba las garantías del caso, pues el Comandante Humala debía ser una buena opción. Y mire usted lo que sucedió. Esta es una muestra de lo que ocurre cuando los ciudadanos votan sin tener en cuenta las capacidades de las autoridades que eligen. El Perú es hoy en día un país de ingreso medio alto, con muchísimo dinero en las arcas del estado y cuyo sistema de pesos y contrapesos no funciona. No hay transparencia en las licitaciones de obras ni en las compras públicas. El Poder Judicial es utilizado como una barrera para impedir la rendición de cuentas y la transparencia a las que toda autoridad está obligada. Y el Poder Legislativo, en manos del nacionalismo, está ocupado comprando billeteras para los padres y las madres de la patria, porque “los trabajadores del congreso merecen dignidad”.
Por María Cecilia Villegas
25 – Jun – 2015