viernes, 4 de septiembre de 2015

Hay que seguir gobernando, pero…


¿Al presidente le preocupa solo la inseguridad de su familia?

El gobierno no está sujetando con firmeza el timón político del país. Si bien una afirmación así calzaría con otras turbulencias parecidas durante este quinquenio, y que refuerzan la ausencia de un liderazgo ejemplar desde Palacio, tal parece que el escándalo de las agendas de Nadine Heredia ha anulado toda capacidad de controlar cualquier asunto que no sea el que apremia a la Presidenta nacionalista. Con un fenómeno del Niño encima nuestro, con una economía que se sigue desacelerando, con una delincuencia que nos sigue arrinconando y, ahora, con la decisión del Congreso de entregarle a PetroPerú el lote 192, cualquier reacción presidencial ha sido, hasta el cierre de este artículo, nula e inexistente; peor aún, el señor Humala ha dejado que su Primer Ministro y su Ministra de Energía queden en ridículo con la votación del pleno.
Así, la fatalidad que domina hoy por hoy al Presidente se refleja en su obstinación, entre mentecata y riesgosa, de defender cerradamente a su esposa, en lugar de instarla –cuando menos públicamente– a que se someta a un peritaje que confirme científicamente si es ella la que escribió todos esos millones de dólares que revelan las agendas. Y no por dar crédito a una grave denuncia que compromete moral y penalmente a la señora Humala, sino porque el manejo que le está dando al caso validan las imputaciones que pesan sobre ella y, con ello, va creciendo una incertidumbre política de enormes proporciones que compromete la gobernabilidad y la toma de decisiones del propio Ejecutivo. No es posible que el señor Cateriano haya dicho que PetroPerú no está en condiciones de explotar el lote 192, y que el Congreso por pura politiquería lo desautorice con una votación que ha sido defendida, entre otros, por parlamentarios oficialistas. Con tal despelote, el Primer Ministro debería dejar el cargo en las horas que vienen.
La situación actual es de un ‘sálvese quien pueda’, al punto que el Presidente no solo anda preocupado únicamente por la seguridad penal de su esposa, sino que recientemente no ha negado estar pensando en un indulto para su hermano Antauro; aquel que hace diez años fue el autor material de una asonada que costó la vida de policías y civiles en Andahuaylas. No están entre las preocupaciones del Presidente los asaltos que se reportan a diario; menos parece inquietarlo el fenómeno social de las brigadas civiles que buscan masacrar a los delincuentes a lo “Fuenteovejuna”. Es más, por lo que ha dicho hasta hace unas horas, el señor Humala no parece advertir que la criminalidad concentra poderes reales en espacios que bien podrían llamarse zonas liberadas, bajo el dominio de cualquiera menos del Estado. Es cierto además que mientras el Presidente y sus Ministros sigan viajando escoltados con motos, pasándose encima de la gente, hasta en luz roja, no entenderán el complejo fenómeno de la delincuencia; seguirán pensando que es un problema del resto y no suyo.
Es hora entonces de sincerar la actuación del gobierno que nominalmente dirige el señor Humala y que, en la sombra, pilotea la señora Heredia. ¿Hay planes pensados contra la inseguridad de los peruanos, contra la economía de capa caída y contra los embates que nos traerá el fenómeno del Niño, que ya en el 97-98 nos costó 3 mil millones de dólares? Porque si el gobierno solo se preocupa por la inseguridad jurídica de la señora Heredia, bloqueando toda investigación que transparente los dineros de las agendas, es que estamos ante un aprovechamiento flagrante de la cosa pública de quienes hoy nos gobiernan; convertidos en aventureros que solo buscan salvar el pellejo. Peor aún si, a costa del poder, la familia del señor Humala ha conseguido pasaporte europeo que podría blindarlos en el viejo continente, si es que la cosa se pone peor de lo que ya está. Si es así, el Congreso que lidera la oposición tiene la palabra.
Por: Jaime Chincha Ravines
04 - Sep - 2015

Ushanan Jampi o “chapa tu choro”


Sobre la inseguridad ciudadana, pan nuestro de cada día

Nadie, absolutamente nadie, ha logrado recrear la ficción jurídica de una corte popular andina, con sus abismos y contradicciones, como Enrique López Albújar, el gran escritor peruano que nos legó obras tan hermosas como "Cuentos Andinos" y "Matalaché". Sin embargo, la cumbre literaria alcanzada por la pluma de López Albújar, hoy, en nuestro país, ha sido superada por la realidad. Basta con contemplar las imágenes de los noticieros peruanos para comprobar cómo la inseguridad se ha transformado en una realidad desesperante para todo el país. Las percepciones del gobierno, que caminan en la dirección contraria, representan al país formal. Pero la inseguridad, la delincuencia, el pan nuestro de cada días, eso es el país real.
En un contexto de miseria y anarquía, ante la inmovilidad de las fuerzas del orden y de los operadores jurídicos, sectores del pueblo toman la justicia por su mano. Y asesinan o castigan a los delincuentes como en los cuentos de López Albújar. La extensión del fenómeno de la justicia paralela, ante la ineficacia de un Estado incapaz de proveer seguridad y paz a los ciudadanos, es un grave problema al que nos enfrentamos como sociedad. Cuando la violencia se desborda, las Constituciones se tornan en meras de hojas de papel -como decía Ferdinand de Lasalle- y más aún si reman contra los poderes fácticos. Eso es lo que está sucediendo en un país en el que triunfa una campaña como “chapa tu choro”.
La ausencia del Estado peruano en las zonas más sensibles y la ineficacia en la respuesta jurídica se debe, entre muchas razones, a los problemas internos que atraviesa el humalismo. Ante un gobierno humalista que está más preocupado en salvar a Nadine Heredia que en protegernos de los delincuentes, “chapa tu choro” no tardará en propagarse. La incapacidad del Estado, el vacío de poder genera estos entornos dónde emergen actores dispuestos a romper el equilibrio entre la violencia y el orden.
La inseguridad tiene que ser combatida con las armas legítimas del Estado de Derecho. Linchar a un delincuente nos conduce a la selva. Si permitimos que se propague el ejemplo anárquico muy pronto el Perú será ingobernable. Así, sometido por la anarquía, el Derecho perecerá a manos de una muchedumbre. Ese fue el destino de Cunce Maille, el antihéroe de López Albújar, que sucumbió en una ficción al “juicio” implacable de los comuneros. Hoy, en todo el Perú, el orden jurídico es violentado por la incapacidad de un Estado que no atina a implementar. La cruda y perversa realidad supera a nuestro Estado. Estamos ante un gobierno incapaz que ha entregado el poder a una peligrosa justicia popular.
Por: Martín Santiváñez Vivanco
04 - Sep - 2015

CARICATURA DEL DIA


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jueves, 3 de septiembre de 2015

Autodefensa social en debate


Sobre la movilización ciudadana contra la delincuencia y el derecho.


A fines de los 80 e inicios de los 90, el enemigo común y más grande era la subversión y las rondas y comités de todo tipo ya ejercían la autodefensa social. La delincuencia también era reprimida y castigada como ahora, pero aquellas prácticas adquirieron notoriedad en la lucha contra el terrorismo. Pese a la ferocidad y los móviles ideológicos de éste último, en algunos sectores de la academia y del periodismo se instaló el debate sobre la legalidad y legitimidad del uso de la violencia y de aplicar la justicia con propia mano, como ahora viene sucediendo por la aparición de la campañas “Chapa tu choro y déjalo paralítico”.
Las organizaciones de autodefensa fueron pieza clave en la derrota social y militar del terrorismo y en su aislamiento ante la agresión que éste ejercía en muchas zonas rurales y urbano.marginales. Llegado el momento -y felizmente- las fuerzas del orden entendieron que apoyar estas iniciativas, alinearse con ellas, ponía al Estado del lado de la población en un solo bloque contra el agresor.
Tal ha sido el reconocimiento de estas iniciativas que en más de un desfile militar por Fiestas Patrias hemos visto ronderos y comuneros armados desfilar al lado de las FFAA y PNP.
Ello no quita que la razón de ser de algunas organizaciones (sobre todo las rondas cajamarquinas y piuranas) sea impartir justicia y, entre otras cosas, decretar castigos violentos de todo tipo, lo que hasta hoy convive con el sistema oficial de administración de justicia y de represión del delito. Se conocen casos de violaciones en las que incluso terminan en el linchamiento y muerte del autor o presunto autor.
A estas formas ancestrales de “administración de justicia popular”, hoy se suma la aguda realidad de inseguridad e impunidad que sienten millones de peruanos por el crecimiento del crimen. No es extraño esperar, por tanto, que no pocos vean en las vías no oficiales o ancestrales (según el caso) formas mucho más reales y eficaces de protección que aplicar los códigos que nos gobiernan.
Que desde una perspectiva oficial y occidental lo anterior es una claudicación del Estado de Derecho, pues no cabe la menor duda. Que enunciar, denunciar y sancionar estas prácticas va a impedir que ocurran, es tan falso como esperar que la confianza al 100% en policías, fiscales y jueces se instale al 100% en el Perú mañana mismo.
¿La salida?. En primer lugar, el tan ansiado plan de seguridad ciudadana que algún día llegará, y que no solo alcance la reforma policial sino también a la administración de justicia y la penitenciaria.
Pero también debe recogerse la exitosa experiencia antiterrorista. Es decir, promover la participación ciudadana en cuanta instancia organizativa y preventiva contra la criminalidad pueda darse. Donde el rol de alcaldes y autoridades es crucial no solo en la represión vía serenazgo sino en las labores de vigilancia e inteligencia.
Y en lo que se refiere a la  administración de justicia, distritalizando fiscalías (vean el plan piloto en Miraflores), juzgados y hasta el cumplimiento de sanciones vía trabajos en favor de la comunidad para delitos menores.
Salidas hay, lo que falta es voluntad política para ponerlas en marcha. ¿Algo de esto tienen que decirnos los candidatos?
Por: Mario Saldaña C.(@msaldanac)


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miércoles, 2 de septiembre de 2015

Humala, el artista equivocado


Sobre la evidente soledad de Cateriano en un gobierno polarizador

Decía don Manuel Vásquez Montalván que la Constitución española del 78 había nacido producto de una correlación de “debilidades” y no de “fuerzas”. Ahora más que ayer le cae bien al gobierno nacionalista las palabras del viejo español.
Estamos ante un gobierno débil y el presidente Humala parece que no lo sabe. En su más reciente entrevista, el presidente parecía que vivía otro momento. Probablemente creía que estaba en su primer año o que, como incide en la entrevista, el país atraviesa por un camino brillante y sin complicaciones. Nada más alejado de la realidad.
No obstante, cabe señalar que si la política es un arte el presidente se equivocó de oficio. Lo que el gobierno nacionalista parece no haber aprendido es que en los momentos en que eligieron el buen arte de la política y no la confrontación, insultos o diatribas, les fue mucho mejor. Basta recordar cómo un recién nombrado Presidente del Consejo de  Ministros, Pablo Cateriano, pudo contener a la oposición eligiendo el camino del diálogo y la diplomacia.  
Pero si con la entrevista el presidente quiso borrar dudas o aclarar temas, queda claro que el objetivo no se cumplió. Porque dejó ver las graves costuras de su gobierno. En seguridad ciudadana el problema para el presidente es de “sensaciones”, la desaceleración económica es producto de los bajos precios de los “commodities” y la inclusión es el motor de la reducción de la pobreza. Encima de eso, Humala, comparaba a su gobierno con el anterior, repitiendo cansadamente que ¡estamos mejor que el 2011!. ¿Por qué no le pregunta a la gente si estamos mejor, señor presidente?    
A las recientes denuncias periodísticas sobre las famosas agendas que pertenecerían a la señora primera dama, y la recomendación de la Comisión Belaunde Lossio para que la fiscalía investigue a Heredia por lavado de activos, se suma un sombrío panorama económico para los próximos meses. Además, habría que agregar que varios congresistas estarían abandonando pronto el carro nacionalista. ¿Es o no un gobierno lleno de debilidades?
Lo curioso es que los actores que podrían poner una agenda política están relegados. Por ejemplo, se espera más del PCM, pero éste brilla por su ausencia. La señora Heredia ha tomado su lugar no solo como vocera política sino como furibunda antiaprista. Hace falta que Cateriano asuma su papel porque hasta ahora parece una bisagra legítima y aceptable. Y cuesta decirlo, es la única garantía para que el gobierno salga del pozo en el que anda metido.       
De no ser así todo indica que Humala o Nadine se sienten como pez en el agua en la confrontación y que su gobierno se apagará entre insultos y diatribas. Es posible entonces que Cateriano sea una piedra en el zapato porque, de alguna manera, representa lo poco institucional que le queda al gobierno.
Humala necesita volver a hacer política. La agenda del país no puede estar enfocada en las denuncias contra la primera dama. El Perú es más que eso y si algo de artista le queda al presidente entonces podría acabar su gobierno haciendo una pequeñísima obra de arte.
Por Iván Arenas

CARICATURA DEL DIA


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